Cultura

¿1984 o 2019?

¿1984 o 2019?

Por Andrea Erazo

“La guerra es paz. La libertad es esclavitud. La ignorancia es fuerza”. Resulta perturbadora la cruda honestidad y contradicción de esta frase. Cualquiera podría pensar que se trata de un juego de palabras mal empleado y no un lema político. Sin embargo, en la realidad construida por George Orwell, este representa el sometimiento de una sociedad, cuya capacidad natural de cuestionamiento se ve amenazada por un ser omnipresente que los vigila en todo momento y un partido político encargado de castigar cualquier acto de ‘rebeldía de pensamiento’ que vaya en contra de lo establecido por el Gran Hermano.

1984 ha trascendido en el tiempo. Publicada en 1949, luego de dos guerras mundiales y una Europa devastada por el conflicto armado, resulta fascinante que lo descrito por Orwell en su obra pueda relacionarse fácilmente con la realidad actual.

Si bien la manipulación de la información no es algo nuevo, y actualmente es mucho más sencillo de hacerlo, el propósito sigue siendo el mismo: alterar la verdad y engañar a una sociedad para beneficio propio. En la obra, el Ministerio de la Verdad es el encargado de esta actividad. Tanto, que cuenta con una cantidad considerable de trabajadores que viven su día a día alterando toda información que pueda resultar perjudicial para la imagen del partido y provocar un levantamiento de la sociedad.

Hoy, en pleno siglo XXI, cuando se supone que ya se debió aprender de los errores del pasado, aún se puede evidenciar esto en diferentes gobiernos de la región y del mundo. Engañan a su población por medio de propagandas y discursos cuidadosamente escritos para que crean que están en lo correcto y solo buscan su bienestar; pero si alguien fuera a rebelarse, acudirían a amenazas o cualquier otro tipo de violencia con tal de mantener el orden establecido. Lo mismo ocurre en la novela si alguien es descubierto cometiendo un crimental (crimen mental: pensar ideas contrarias a las del partido).

Orwell, asimismo, presenta a una juventud fuertemente influenciada por el partido, cayendo en el fanatismo y creyendo en cada uno de los eslogan. Actualmente, la tecnología y las redes sociales juegan un papel clave, pues cualquier persona con un dispositivo electrónico y acceso a internet puede generar contenido falso. Parte de la población lo podría considerar verdadero, pues no han desarrollado plenamente el sentido de la duda y el hábito de consultar las fuentes oficiales, que por supuesto y en plena era tecnológica, también poseen cuentas en redes sociales. Solo es necesario saberlas utilizar de forma inteligente, así sería posible combatir la interminable cadena de desinformación generada por los constantes ‘compartir publicación’, ‘retuit’ o ‘repostear’.

Y a propósito de la juventud y la manipulación, Orwell relata que los adultos les temen a sus hijos, ya que los pueden denunciar con la Policía del Pensamiento si escuchan algo desafiante contra el Gran Hermano. Nuevamente, un hecho escrito hace más de una década tiene lugar en la actualidad. Parece que ahora los hijos son las figuras de autoridad y los padres quienes deben cumplir sus órdenes. Es lamentable que los papeles se hayan invertido, muchas veces influenciado por productos que fomentan la rebeldía (series de televisión, música o las propias propagandas políticas mencionadas en la obra), y los padres lo permiten bajo el argumento de no querer ser tan duros con los hijos.

1984, una historia inquietante que no se quedó en el pasado. Que sigue fascinando a quien la lee por la inmediata relación que establece con hechos de la actualidad. ¿Orwell vio el futuro? Solo él lo sabe, pero mientras la sociedad siga recayendo en las acciones del pasado, seguramente su obra seguirá intacta en el tiempo. (O)