Cultura

De la Torre usa la realidad para golpear con la palabra

De la Torre usa la realidad para golpear con la palabra

En el cuento Niños de agua, Natalija, una pequeña que llega a Suecia con sus padres, no quiere regresar a Kosovo, ni escuchar las bombas que explotaron en su casa. Petar IV, su oso de peluche, la salvó del fuego, pero perdió la nariz y parte de su boca.

En su llegada al nuevo país, los padres le prometieron un nuevo oso pardo a cambio de aprender un nuevo idioma en una tierra donde las casas no han sido agujereadas por la guerra.

Se quedarán en un albergue hasta que les llegue una carta que les permita vivir en Suecia. En la escuela conocerá a un niño ruso y a otros tantos que, como ella, huyeron de sus países y esperan la misma carta.

En este cuento, “los príncipes y las princesas ya no sirven para despertar a nadie, ahora están de moda las cartas”. Los niños de esta historia necesitan una y de ello depende su futuro, o quedar en coma indefinidamente.

La poeta y narradora Sandra de la Torre escribe su cuento a través de la historia de los niños que se quedan en coma luego de que sus padres, en busca de refugio, recibieran una orden de deportación. Solo ocurre en Suecia y los científicos lo llaman “síndrome de resignación”.

Para De la Torre, los niños en coma están contando una historia desde sus camas. Su cabeza fue maquinando un cuento hasta que explotó. Luego de terminarlo tuvo que escribir un poemario completo que tiene a los mismos personajes y el mismo nombre.

Niños de agua ganó el Concurso Internacional de Literatura Infantil Julio C. Coba 2018, entregado por la firma Libresa.

Hoy en una ceremonia, en Quito, De la Torre recibirá el premio con el que se adjudica $ 7.000, además de la publicación del libro, que ya está en circulación con un trabajo de ilustración de Alejandra Giordano.

Para De la Torre, el “síndrome de resignación” es una metáfora de los niños que viajan solos, de aquellos que van desde Latinoamérica hacia Estados Unidos hasta que los detiene algún guardia, de los que salen de Venezuela y viven con sus padres en las esquinas para ganarse la vida.

“Es la condición de la humanidad actual y cómo hemos perdido el valor del ser humano, cómo consideramos un grupo como desechos de guerra, políticos, es una historia que toca otras historias”, dijo De la Torre en una entrevista con este diario un día antes de recibir el premio.

Considera este incentivo una excusa para seguir escribiendo, por hacer lo que hace “no con un poder propio, sino con el poder de la palabra, que no es el mío, es un premio por la ociosidad de la escritura, por la traición, por ser testigo en el mundo de una metáfora viva, por observar desde una esquina y escribir con el cuerpo”.

Piensa que esta historia a pesar de lo dura que puede ser, debe ser contada a los niños. Libresa lo publica en su sello para niños de 6 a 8 años. Considera que la literatura infantil no debe ser una anestesia ante las situaciones tensas y dolorosas.

“A veces lo que se hace con los niños es protegerlos para que no se golpeen fuerte contra la vida. No sé si estamos haciendo bien contándoles historias lindas cuando la situación que nos rodea es distinta. Con estos relatos, quizás, sus ojitos tiernos pueden abrirse también como instrumentos de cambio, para jugar mejor su paso por este mundo”, manifiesta la narradora. (I)

Su libro

Niños de agua (2018)

→El cuento narra la historia de los niños que caen en coma luego de negárseles residir en Suecia.