Cultura

De los objetos perdidos a las plantas que curan

De los objetos perdidos a las plantas que curan

Las dos últimas muestras expuestas en la galería de arte emergente Violenta, al sur de Guayaquil, abordan el arte desde las posibilidades de la luz y el color, desde objetos y seres que se pierden en la rapidez cotidiana del mundo urbano.  

Tayron Luna inauguró a mediados de marzo El Paseante, una exhibición que levaba su apodo como título y que tuvo como espíritu el cierre de un ciclo sobre su proceso artístico.

Una parte de la producción de Luna se ha enfocado en las derivas, en el recorrido de la ciudad para evidenciar, a través de neones y luces, las casualidades del encuentro, aquellos objetos que pasan desapercibidos en la rutina, que con el tiempo se convierten en una zona gris.

En esta muestra cierra el ciclo de su obra sobre la ciudad. Piensa que se agotaron los lugares hacia dónde mirar.

En “Niveles sobre la botánica oculta”, el autor mezcla objetos de laboratorio para encerrar extractos de plantas y esencias florales.En “Niveles sobre la botánica oculta”, el autor mezcla objetos de laboratorio para encerrar extractos de plantas y esencias florales. Foto: Lylibeth Coloma / El Telégrafo

Desde 2010, cuando se inscribió en la carrera de Artes Visuales, del Instituto Tecnológico de Artes de Ecuador (ITAE), Luna ha elaborado una serie de propuestas a partir de carros abandonados, efectos de luz que se originan de residuos de gasolina y lluvia, y residuos de pintura en la pared de comerciales artesanales con íconos de los 80.

En su forma de abordar el arte combina aquellos elementos con los que se encuentra con materiales y contrastes de luz, como lo que hace en la serie “Galaxity según Humboldt”.

Se trata de una serie de 29 fotografías en las que captura los residuos de gasolina de carros parqueados, que durante una noche de lluvia aparecen en las calles como constelaciones por descubrir.

En el centro de la sala de exhibición, Luna montó un Volkswagen escarabajo blanco destruido. Lo sacó de un taller donde el “maestro”, como llaman a quienes arreglan carros en la ciudad, se ha concentrado en arreglar este tipo de carros que ya casi no se encuentran en el mercado, pero tiene el suyo en espera.

Luna empujó esta máquina inventada para la guerra desde el taller en el que espera el arreglo hasta Violenta, a punta de fuerza. El carro que ocupa el centro de la galería estaba iluminado por dentro, una performance que ha hecho con otros tantos carros abandonados como esculturas de la ciudad, sin que sean mirados.

Luna se ha propuesto como eje de su obra “evidenciar y resplandecer”.

Tras el cierre de esta muestra, el artista Jimmy Lara presentó Niveles sobre la botánica oculta. En esta serie de obras la botánica es trasladada al arte en su potencialidad para “curar y salvar la vida o quitártela”.

El artista trabaja su propuesta desde el reconocimiento de sus raíces montubias. “Se sirve de esencias y tinturas de flores naturales que él mismo extrae de plantas y  frutos, portadores de una fuerte carga simbólica y vital con la que pretende suscitar el encuentro entre botánica oculta y abstracción pictórica”, dice Armando Busquets, en el texto de la muestra.

Aquella sensación se mira en la obra “De voz a tono”, en la que el artista utiliza una serie de tubos de ensayo que contienen extractos de yantén, rosa, violenta, rosa de muerto o planta siempre viva para convertirlas en color.

Las plantas han perdido su significado único para la utilidad medicinal, se combinan para consumirse como luz, para confrontarse como mezclas en potencias. “Están así para confrontar dos o tres mezclas azarosas que pueden afectar a quien las consuma. Es decir que siendo afectivas para el cuerpo, se puedan percibir en todo su esplendor visual”, dice el artista. (I)

En la obra “De voz a tono” usa extractos de plantas y esencias florales en tubos de vidrio. Juega con la geometría y la luz de la botánica.En la obra “De voz a tono” usa extractos de plantas y esencias florales en tubos de vidrio. Juega con la geometría y la luz de la botánica. Foto: Lylibeth Coloma / El Telégrafo