Cultura

Diego Oquendo: 'Nada, absolutamente nada, queda al azar en mis ficciones'

Diego Oquendo: 'Nada, absolutamente nada, queda al azar en mis ficciones'

Los pájaros prefieren volar en la tierra, así se denomina una obra que recientemente presentó Diego Oquendo.

En el libro de doce cuentos, el periodista quiteño se adentra en la intimidad del ser humano y sus emociones. Sobre esta publicación y otros temas habló el autor con este Diario.

Está circulando su primer libro de cuentos Los pájaros prefieren volar en la tierra. ¿Cuál ha sido la reacción de la crítica?

Se han publicado algunos comentarios en periódicos y revistas, con juicios favorables, que agradezco. Sin embargo –acostumbrado quizás al entusiasta interés con que han sido recibidos anteriormente mis poemas-, la reacción literaria ha sido más bien parca. Quién sabe si los especialistas se acostumbraron al periodista Diego Oquendo, que también se atreve con la poesía. Y pare de contar. Desde luego, estoy aventurando una explicación a propósito de su pregunta. De otro lado –esto es evidente-, si el escritor no pertenece a un cenáculo, a una capilla, a un círculo de “iniciados”…, puede enfrentarse al silencio del gremio.

¿Por qué el título Los pájaros prefieren volar en la tierra?

De alguna manera el cuento que lleva ese nombre resulta emblemático, ya que constituye un canto a la libertad humana. El guambra Jacinto, su protagonista, prefiere sacrificar el supremo regalo del taita –un campesino con una precaria economía a cuestas-, a dejar de lado su ideal cotidiano: la ruralidad y su propia fascinación. Entonces el par de zapatos flamantes 'de buena tienda, comprados sin rebaja, relucientes, de suela gruesa, acompañados de un inefable rechín', deberán hundirse en la corriente del río, posibilitándole su reencuentro con un paisaje libre de ataduras, que él ama por sobre todas las cosas. Efectivamente, el relato exalta el vuelo del espíritu. Su título reseña también el aliento lírico que cruza todo el volumen.

Usted revela, al comienzo del libro, que en realidad fueron alrededor de 30 cuentos los que salieron de su pluma. ¿Qué pasó con el resto?

Es un misterio que tengo resuelto, pero que finalmente no me permitió recuperar el material escamoteado. Alguien que hacía televisión (probablemente se sentía incómodo con mi general aceptación en la pantalla chica), no supo ser consecuente con la confianza que le brindé al franquearle las puertas de mi biblioteca. Cuando quise hacer el reclamo pertinente, al regreso de un viaje profesional, el personaje ya no estaba al alcance de mi demanda. Había muerto. ¿La pérdida desalentó mi ánimo creativo en el campo de la prosa? Venturosamente no. La prueba es que escribí una novela, El amanecer sale dos veces, que permanece inédita y que espero dar a la luz algún momento.

¿Pudiera decirse que las emociones son los protagonistas de su libro de cuentos?

¿Qué creación literaria puede prescindir del nervio fundamental de su desarrollo que es la emoción humana? Sí, en mi obra relatística hay una sucesión de emociones que, mágicamente, le dan vida apasionada incluso a una hoja de diario, desprendida abruptamente de un periódico. Su apunte es sabio cuando hace referencia a la emoción como elemento clave de mis historias.

Raúl Vallejo, su prologuista, dice a propósito del libro: “Es un conjunto de cuentos (…) que hace gala de una imaginería sin ataduras, que evidencia un lirismo capaz de suavizar la dolorosa realidad de los sucesos narrados…”.

Vallejo, estupendo escritor de talento versátil, no se equivoca en su apreciación: el argumento que pongo a consideración de los lectores deja volar a una imaginación que, a final de cuentas, tiene una lógica y una poesía que marcan un contraste enternecedor con el drama que se desliza entre líneas… Nada, absolutamente nada, queda al azar en mis ficciones. Por cierto, no faltará algún “escribidor” que le reste mérito a mis creaciones porque mis personajes y su destino se apartan de la “realidad”… ¿Qué es la realidad?, me pregunto, desde lo estrictamente literario? Si Kafka convirtió a Gregorio Samsa en escarabajo, por qué no puedo yo presumir que un maniquí se enamore, en la helada vitrina, de una figura resplandeciente recién llegada?

Su obra se inicia con el cuento La niña que aprendió a soñar, fechado en junio de 1969. ¿Hay en su trabajo un arco temporal, se cumplen varias etapas literarias?

Nunca, desde que tengo uso de razón, he dejado de escribir. Mis narraciones han sido plasmadas en varias fechas. Pero, viéndolo bien, más allá de las distancias marcadas por el calendario, el conjunto creativo tiene una identidad, un oficio que se muestra plenamente, un relato inconfundible.

¿Trabaja ahora en nuevos proyectos? ¿Qué puede compartirnos?

Estoy a punto de concluir mis memorias. Tengo 47 capítulos acabados. En el magín me rondan unos pocos más. Esta suerte de legado se llamará El lugar de donde vengo.- Apuntes para ahuyentar la desmemoria. No se trata de una exaltación personal. Es un testimonio de vida con unas cuentas revelaciones que no pasarán desapercibidas. Después de todo la mía no ha sido una existencia plana, desapacible. Al contrario, he vivido con intensidad y no pocos sobresaltos templaron mi carácter. Es, quizás, la gran novela que siempre quise escribir. Sin embargo, no hay que tomar el término 'novela' en sentido literal. La relación se ajusta a la verdad. Pero, claro, siempre hay que ponerle al asunto una pizca de encanto…

A manera de colofón: invito a que se lean mis doce cuentos sobrevivientes. Están bien escritos y cada capítulo atrapa desde la primera línea. (I)