Cultura

El libro ecuatoriano en cifras

El libro ecuatoriano en cifras

Un  26 de agosto de 1987 aparece en Ecuador  la Ley de Fomento al Libro. Para aquel tiempo la norma se presentaba como innovadora, pues a través de ella se buscaba una regularización del mercado editorial.

Por aquel entonces, la Cámara Ecuatoriana del Libro (CEL) tuvo una participación muy importante en la creación de esta normativa, cuenta Oswaldo Almeida, presidente de esta entidad con sede en Pichincha, y quien considera que la ley debe de actualizarse para garantizar también  los derechos del sector editorial, así como para propagar en todo el territorio nacional la lectura.

“Es una ley que como usted entenderá con tantos años y que realmente no se le ha dado la atención debida –no significa que no se cumpla con ella–, sino que es una ley que en su momento ya quedó un tanto obsoleta, y  tiene que ser revisada,  tenemos que trabajar en una nueva Ley del Libro”, apunta el presidente de esta entidad que agremia a 172 miembros, que representan a editoriales, librerías, distribuidores de libros  de varias provincias.

Señala que obviamente la CEL no puede hacer este trabajo sola, “tiene que hacerlo con las entidades de control respectivas como los ministerios de Cultura y Patrimonio o el de Educación”. Argumenta que desde la entidad –que también se encarga del registro de los títulos y ejemplares en el  International Standar Book Number (ISBN), firma que avala la originalidad de los libros en el Ecuador– siempre se ha  impulsado esta cultura de derechos.

“Nosotros sí estamos en permanente contacto con estas instituciones para presionar y un poco y defender los intereses de nuestros socios y del sector editorial... Nosotros hemos tenido varias conversaciones con el Ministerio de Cultura para que se logre bajar los impuestos en la importación de los insumos para la producción de libros”, refiere Almeida, quien considera necesario que se incluya esta medida en el  Plan Integral de Fomento a la Cultura ‘Ecuador Creativo’, conocido como  Ley de Economía Naranja que –entre otros puntos– contempla el IVA 0% para servicios artísticos y culturales, crédito productivo de impulso a la cultura, exenciones arancelarias a bienes para uso artístico y cultural y la redistribución de recursos públicos para contratación de artistas nacionales.

El panorama editorial

Almeida considera que en los últimos años el sector editorial ha tenido un crecimiento significativo. “En el 2017 aquí en la Cámara en el ISBN registramos 5.246 títulos y el 2018 fue un número casi igual, fueron 5.253 títulos, lo que sí cambió es el número de ejemplares de cada uno de esos títulos (de 6 millones de ejemplares a más de 8 millones). Entonces fíjese que en un país de 17 millones de habitantes, según el último censo, una producción anual de casi 9 millones de libros, digamos que no está mal”, explica.

Apunta que “es verdad que muchos de estos libros son textos escolares (hay una obligación de compra y de uso por parte los estudiantes), pero  de todas maneras es una producción editorial importante”. “Y si a esto le sumamos –y de esto no tenemos cifras exactas– todo lo que el sector editorial importa de libros extranjeros, realmente la oferta de libros que podemos tener en el país es  muy buena, muy completa”.

En este contexto, Almeida refiere que como la CEL no puede desmerecer un libro de otro, pues cada texto es valioso para diferentes públicos, ya sea en formato físico o digital, pues la CEL se encarga de otorgarle el registro ISBN y el autor tiene la potestad de elegir en cuál plataforma quiere distribuirlo.

"La Cámara del Libro es una institución abierta a recibir a todos los actores del sistema editorial a nivel nacional... sí podemos recibirles  para darles el apoyo en este lindo trabajo que es el tema de los libros ”, Oswaldo Almeida, presidente de la Cámara Ecuatoriana del Libro (F)