Cultura

"Hay que repensar qué es la seducción, lo consentido"

El escritor argentino Patricio Pron fue testigo de tres sismos en Guayaquil durante su primera visita al país, en 2017. Su llegada a la capital esta semana fue para presentar la novela Mañana tendremos otros nombres.

Es la historia de una ruptura amorosa que, como proceso, puede hablar de una nación de forma amplia, a veces descarnada. Pero además de su carácter enigmático, retrata el presente, incluso a las nuevas tecnologías.

“Uno escribe con la aspiración secreta o pública de que sus libros sean leídos en el futuro”, dice el autor en una tarde nublada. “La posteridad de los libros dependerá de la forma en que otras épocas se doten de un pensamiento literario. Espero que en las generaciones futuras aparezca, sino como una novela actual, como un testimonio específico en que se produjeron transformaciones”.

Con el apoyo de amigos que le dejaron husmear en sus conversaciones, Pron investigó algunos mensajes de redes sociales para la novela, en plataformas que no había usado y que le desconcertaron por ciertas imágenes.

Él (uno de los personajes, expareja de Ella), empieza a tener incertidumbre por no saber qué es la seducción, el abuso, el consentimiento, cómo se establecen las relaciones amorosas...

Inquietudes cada vez más recurrentes, ¿son inevitables?

Hay acontecimientos como el #MeToo y el movimiento de #NiUnaMenos —esfuerzos que las mujeres han estado haciendo durante los últimos años por recuperar la soberanía sobre sus cuerpos y vidas— que han producido transformaciones de la manera en que concebimos las relaciones amorosas. Hay muchas líneas rojas entre hombres y mujeres que no deberíamos atravesar. Desde luego, eso a algunos hombres les provoca cierta perplejidad y angustia, pero contribuye a que en la sociedad estas relaciones sean más igualitarias y al surgimiento de una nueva masculinidad de la que quizás algunos personajes de la novela sean ejemplos.

¿El #MeToo le ha hecho cambiar ciertas prácticas cotidianas?

No. Afortunadamente no creo tener nada de lo que arrepentirme, por lo que no creo estar haciendo las cosas distintas de cómo las hacía en el pasado. Pero esto no significa que para otros hombres esos relatos vayan a servir, al margen de que el tránsito de una época a otra siempre produce incertidumbre.

¿Narraría las vivencias de una víctima o de un victimario?

No se me ocurrió hacerlo. Hay una aproximación, en este momento, a estos temas que los convierte en clichés, en estereotipos literarios. Y mi literatura trata de escapar deliberadamente de eso.

Más que contribuir a una tendencia, quiero cambiar el repertorio de cosas que decimos sobre el mundo.

¿Cómo explicar que alguien use las redes llamadas sociales para enviar fotos de su pene, se trata de perversiones?

Nos estamos comunicando peor que nunca. Pero son malentendidos. La mayoría de hombres que envían estas imágenes a mujeres que casi no conocen, creen equivocadamente que así van a atraerlas. Y lo creen en virtud de un profundo desconocimiento de cómo ellas piensan o lo que las atrae. Más que una gran perversión, lo veo como una enorme estupidez e incomprensión del otro. Un temor de lo que el otro nos devele de sí y de nosotros. Hay torpeza, ignorancia pero ese temor es también un sello de la época.

¿Y persisten los estereotipos?

Según estadísticas, la extensión promedio de un mensaje en Tinder es de 250 caracteres en el caso de las mujeres y 25 en el de los hombres. Eso ratifica un poco el prejuicio de que ellas son más verbales, pero también nos obliga a preguntarnos sobre qué tipo de comunicación se establece en una plataforma en que las mujeres invierten diez veces más esfuerzo y tiempo en vincularse con hombres que pueden ser desaprensivos o estar menos interesados en el diálogo. (I)