Cultura

'La Traviata' en Guayaquil

'La Traviata' en Guayaquil

Crítica, por Loge

El preludio abría la partitura de La Traviata en el doloroso y mórbido tono de do sostenido menor, e inmediatamente supe que estábamos en buenas manos; el hermoso sonido y cohesión de la orquesta se mantuvo a lo largo de toda la obra; destacaron los solos de los varios instrumentos que acompañan las arias y dúos, como el oboe en el Addio del passato y el clarinete en el Un di felice.

Sin embargo, creo que el movimiento escénico se hubiera beneficiado de tener un poco más de variedad y claridad entre sus elementos narrativos, cumpliendo mejor con su función expresiva dentro del arco dramático.

Por ejemplo el segundo acto podría haber sufrido de cierta distorsión narrativa, al presentarnos una fiesta popular en un barrio del sur de Guayaquil, el retorno de Violetta a esa sociedad decadente y elitista de la que creyó escapar, poblada de marqueses y barones, miembros de la más alta sociedad parisina; al trasladar la escena a Guayaquil se debía retratar, con la mayor claridad posible, el carácter opulento, fatuo y exclusivo de aquellos círculos sociales. Esto tal vez se hubiera solucionado mediante un trabajo especializado en la sincronía de los sobretítulos, que en este caso nos traducen el texto del italiano original al español. No funcionaron, dejando al público, en más de una ocasión, confundidos y por momentos fuera del hilo de la historia.

Creo que buscamos teatro para presenciarnos en la escena, vivirla como algo propio, algo humano, o como nos decía Leoncavallo a través de Tonio en el prólogo de su inmortal I Pagliacci: L'autore ha cercato invece pingervi uno squarcio di vita.

Breves acotaciones antes de decir que con La Traviata comprobamos que hacer ópera de calidad en Guayaquil es posible, pero hemos de reconocer que se debe en gran parte al esfuerzo de la dirección general de Anzolini, capaz de insuflar confianza a sus músicos y al elenco ecuatoriano.

Creo que ha quedado en evidencia tanto el talento que tenemos en nuestra ciudad, así como la avidez del público de disfrutarlo, prueba de esto son las más de 3.000 personas que llenaron el teatro en dos funciones, habiéndose quedado gente fuera, cosa que también sucedió en las presentaciones de La Bohème.

Todo indica que nuestra tierra guayaquileña es muy fértil para que la ópera y las artes músico-teatrales en general sigan creciendo y desarrollándose aún más, y así también aspirar a crecer como ciudad, y si realmente permitimos que música y texto hagan raíz en nosotros mismos, ¿por qué no?, mejores seres humanos. (O)