Cultura

La universidad se nutre de lo ancestral

La universidad se nutre de lo ancestral

A Rosa Wila, una de las pocas cantoras vivas de Esmeraldas, le ofrecieron en los ochenta una cátedra en una escuela, pero no pudo darla porque no tenía ningún título universitario que respaldara que aprendió a cantar marimba, arrullo y chigualo de oído.

El etnomusicólogo ecuatoriano Juan Mullo Sandoval ha armado una cartografía de 11 cantores, amorfineros, guitarreros y folcloristas que construyen las sonoridades de Guayas y Manabí.

A pesar del conocimiento que estas personas tienen, no han sido consideradas como patrimonios vivos ni están vinculadas a la Academia.

El saber académico y el ancestral han guardado distancias, como muestra de ello están todos los instrumentos tradicionales que no se enseñan en los conservatorios y que en tiempos de músicos como el maestro Gerardo Guevara, en la década del 40, incluso se prohibieron.

Ahora la academia intenta descolonializarse y mira las raíces del territorio. La Universidad Central, la Universidad de Cuenca, la Pontificia Universidad Católica de Ecuador (PUCE) y la Universidad de las Artes (UArtes) trabajan en procesos de validación de trayectorias para entregar títulos; o incorporar a la docencia a artistas una vez que el Consejo de Educación Superior (CES) valide sus experiencias.

La marimba académica
El juego con sonidos del bongó, el cununo y la marimba es habitual en el taller de percusión afro del músico Saúl Torres, cuya experiencia fue validada por el CES para ser parte de la academia.

Este laboratorio experimental se desarrolla en la Escuela de Artes Sonoras de la UArtes, donde enseña hace casi dos años.

Torres ingresó a la entidad luego de una asesoría que dio a los estudiantes sobre la construcción de instrumentos de la Costa del Pacífico.

Esta charla y su experiencia como director de grupos de marimba de Esmeraldas y Guayaquil fueron, consideradas para darle carta abierta en la formación del Ensamble de Percusión Afroecuatoriana de la universidad.

El grupo está integrado por 14 músicos, divididos entre estudiantes de la institución y del Centro Comunitario Juanito Bosco, en el barrio Nigeria, donde también enseña.

Lutier de sonido ancestral
Esta semana, Torres se sumó al  IV Encuentro Internacional de Investigación en Artes (ILIA), que desarrolla la Universidad, con un taller en el que develó la esencia de la formación de los nuevos instrumentistas del folclor afro.

Recordó que la falta de fomento de los sonidos con marimba, hace décadas, fue el motivo que lo empujó a difundir sus enseñanzas en diversos cantones del Ecuador.

“Ese decaimiento de la difusión en la provincia de Esmeraldas, me obligó a llevarlo más allá y que no solo seamos los negros quienes debamos de tocar o bailar la marimba”.

Dice que de 10 alumnos que iniciaron la materia de percusión afro y latina, ahora suman 85. Una acogida que se asienta en la pedagogía   ancestral que dicta.

“En cada semestre, los alumnos deben construir sus propios instrumentos y una vez terminado ese proceso, viene la ejecución y el montaje”, explica.

Cada grupo debe crear un bongó, un cununo y una marimba, en un tiempo aproximado de 15 días.

Aunque el procedimiento de edificación no es difícil, lo que toma su tiempo es lograr que suene afinadamente.

Para ello es importante contar con los elementos que cada instrumento requiere. Aclara que el  bongó se hacía con tiras de bejuco para templar las cuerdas y que así mejore su sonido, pero ahora tiene aros metálicos que envuelven el cuero.

“Al armar el traje metálico, el instrumento puede usarse en grupos de fusión que cuentan con el clarinete, saxofón, bajo y piano”, señala.

De sus creaciones destaca la marimba cromática, la cual integra todos los tonos y puede sonar con el piano, bajo y guitarra.

Torres indica que la marimba tradicional no tiene semitonos y por ende no puede seguir una partitura. Esta suena con el bombo, cununo guasá, voz principal y coros.

Para Ramiro Noriega, rector de la UArtes, este proceso es parte de dos ejes. Por un lado está la decolonialidad, que ha establecido un verdadero diálogo académico con saberes tradicionales.

El segundo —dice— está relacionado con la interculturalidad que tiene a su vez dos caras: en términos de participación de los pueblos ancestrales y de las personas que se declaran con estos orígenes; del otro lado la interculturalidad de manera más contemporánea, en términos de género y nuevas corporalidades.

Para Noriega, “el empoderamiento de estos saberes y su participación es central”. Es así, que además de escuchar marimba en el  ILIA, también se celebró el Inti Raymi. (I)