Cultura

Los cerros sagrados que rodean Cuenca están llenos de historia

Los cerros sagrados que rodean Cuenca están llenos de historia

Cuenca está rodeada de cerros “sagrados”. El Pachamama, el Guagualzhumi, Las Monjas, entre otros, forman parte de las montañas que en un determinado momento fueron asentamientos de incas y cañaris.

Caminar hacia la cumbre del cerro Las Monjas toma una hora y media, aproximadamente, desde la vía rápida Cuenca-Azogues.
Un camino de tercer orden lleva hasta sus faldas, atravesando un pequeño puente de madera que está sobre una quebrada, de las pocas que quedan aún.

Un recorrido de interés

El ascenso comienza en un sendero de piedras pequeñas que por momentos se vuelven peligrosas, porque en muchas ocasiones se han resbalado los visitantes.

Luego de caminar durante 40 minutos y por los 2.600 metros sobre el nivel del mar (msnm), el cansancio se apodera de los caminantes.
“Vale el sacrificio, es una montaña con mucha historia y, además, desde este sitio se observa toda la ciudad de Cuenca”, manifiesta Pedro Serrano.

En la cumbre, una cruz, de unos 10 metros de alto, recibe a los visitantes para disfrutar del paisaje. Desde allí se observa una panorámica de Cuenca y sus alrededores.

El Instituto Nacional de Patrimonio Cultural (INPC) señala que entre las leyendas más importantes que giran en torno al sitio se cuenta que “en la cima hay un cráter en cuyo interior se encuentra la verdadera ciudad de Cuenca. Otra cuenta que allí se encontraba el que pudo ser el cerro

Guanakauri o el monumento que los incas entregaron, como parte de su alianza regional, por la fundación del palacio de Pumapungo, en la ciudad inca del Tomebamba”.

La referencia bibliográfica del INPC indica que con el transcurso del tiempo este cerro tuvo modificaciones artificiales, como la construcción de templos para el culto, terrazas ceremoniales e incluso elementos, posteriores, de la religión católica.

El cerro Guagualzhumi

La parroquia Paccha, situada en el sureste de Cuenca, se asienta a los “pies” del cerro Guagualzhumi. Se considera que en este se evidencia la transición de las culturas Tacalshapa y Cashaloma por los restos de cerámica utilitarios hallados en el lugar.

Se dice que los espacios aledaños a este macizo han sido absorbidos por el ritmo como crece la ciudad, es decir se ocupa y construye sobre sitios con restos arqueológicos que son importantes.

En ese sentido, el INPC apoyará a las entidades para tomar las medidas necesarias y evitar así la destrucción de estos espacios.
Con la nueva Ley de Patrimonio facilitarán insumos y delimitarán espacios para que los municipios trabajen de acuerdo con sus competencias.

“Este cerro está considerado como un gran mirador. Desde aquí se puede observar Cuenca, pero también los cerros como el Pachamama y el

Cojitambo”, expresa Patricio Chaca, habitante del sector Paccha.

Caminar hasta su cumbre toma aproximadamente una hora y 20 minutos, se puede salir desde el sector Paccha, en vehículo hasta sus faldas, de ahí realizar una caminata por los senderos. En la vegetación se encuentran unas ruinas, cuyas piedras se conservan, al igual que en los molinos de Todos Santos o las ruinas de Paredones.

Un mirador de Azuay y Cañar

Pachamama, vocablo quichua que en español significa “Madre Tierra”, es el nombre con el que fue bautizada una meseta localizada en los límites entre Azuay y Cañar, en el noreste de Cuenca, cerca de la parroquia Llacao, zona llena de riqueza arqueológica.

Llegar al sitio toma un tiempo de 15 minutos (en carro) desde la entrada de la Panamericana Sur, sector del Cuartel Dávalos.
Montaña arriba, siguiendo una vía, mitad asfaltada y mitad de tierra y pasando por los sectores Sidcay y Llacao, lugares con tradición cultural en la provincia de Azuay, se llega hasta su cima.

Desde la cumbre, que está a 2.800 msnm, se divisan los cerros Cojitambo, en Cañar, y Guagualzhumi, en Cuenca, en el sector de Paccha.
Aquí se guarda evidencia ancestral del Qhapac Ñan o Camino del Inca, de un uzhno o lugar de adoración inca y abundante cerámica.

Para facilitar el recorrido se subdivide en cuatro sectores, como Loma Curiquinga, Tulun, Quichul y Cochamama.

A la entrada de la elevación una puerta de metal impide que ingresen personas en horas de la noche en vehículos, esto para evitar el paso de desconocidos a este sitio considerado como “sagrado” en el sur del país. (I)