Cultura

Mascarillas y cortinas de plástico, las funciones se reactivan en Pop Up Teatro Café

Mascarillas y cortinas de plástico, las funciones se reactivan en Pop Up Teatro Café

Las luces de la fachada invitan a entrar. En los exteriores, un grupo de jóvenes aprovechan el espacio abierto para fumar. Antes de ingresar, la revisión de temperatura y el desinfectante en manos son un requisito previo. Adentro, parejas en cuatro mesas cerca del bar y la boletería, esperan a que la función comience.

En Pop Up Teatro Café, (Circunvalación 405 entre Ébanos y Diagonal, Urdesa), parecería que nunca tuvieron que cerrar por la cuarentena, pero las mascarillas del personal y del público nos recuerdan la actual realidad y restricciones en aforo para el funcionamiento de este tipo de establecimientos. “Nosotros oficialmente abrimos el viernes 17, luego de escuchar el decreto ya oficial por parte del Gobierno, que pueden ya funcionar los espacios teatrales y de cine. Ahí nos agrupamos nosotros”, expone Ricardo Velástegui, director de Pop Up Teatro Café.

Entre 10 a 12 personas, en las cinco salas de microteatro (que miden entre 4 por 3 y 4 por 6 metros) se sientan en sillas de plástico guardando distancia entre ellas, aunque asistieran en pareja o en grupo. Cada una de ellas con su mascarilla. La noche del jueves, la obra con más presentaciones es Tóxica, que dirige Velástegui y con texto de José Rengifo.

Desde las 19:00 hasta las 21:30, las actrices Emma Guerrero y Valentina De Abreu interpretan a dos amigas compartiendo y descifrando los aspectos negativos de una relación sentimental, en medio de un escenario rojo resguardado por una cortina plástica, casi imperceptible, que les permite actuar sin mascarilla para los diferentes cambios de vestuario que requieren y las separa del espectador.

“Es un poco extraño porque uno está acostumbrado a sentir la cercanía del público, a interactuar con ellos. Es algo a lo que nos debemos adaptar, pero es una decisión que tomamos para poder actuar sin dificultad durante la obra”, señala Abreu.

En Tóxica y El puesto es mío (con Blanca Fariña y Axel Zoller), por ejemplo, hay una cortina plástica separatoria. En otras, como Buenas vibras, la actriz Tite Macías aparece con mascarilla mientras que en Feminazi, de Willy Mejía, la protagonista Arianna Mejía sale a escena con un visor que cubre el rostro.

“Todos entran con mascarilla, este plástico nos hace sentir más normales mientras actuamos, sí ha sido extraño porque al final la gente siempre pedía una foto y ahora ya no lo hacemos porque hay que mantener la distancia” cuenta Guerrero. Ambas se sometieron a las pruebas de COVID-19, antes de los ensayos.

“No estaba pensada de esa forma (la obra), pero la verdad es que fue un reto y yo siempre creo que el arte emerge de las formas más inesperadas y creativas, en los momentos más complejos. Sí ha sido complicado el proceso de adaptarnos a la mascarilla pero también es cierto que nos permitió trabajar más la corporalidad del personaje porque como no pueden verle la mitad de la cara, hay que expresar las emociones con su cuerpo”, expresa Bárbara Fernándes Sabaté, quien escribió y codirigió Buenas vibras con Sebastián Mosquera. (I)