Cultura

Un espejo convexo para entender que representar es deformar

Un espejo convexo para entender que representar es deformar

Desde el espejo convexo del Dr. Aira es una exposición que mira hacia el arte del siglo XX en busca de pistas para pensar en un camino hacia nuevos lenguajes visuales.

Inaugurada el pasado miércoles 13 de marzo en la galería DPM, en Urdesa, la muestra reúne obras de ocho artistas, entre esas, una de su curador, el artista y cineasta guayaquileño Jorge Aycart.

Los otros artistas que participan en la muestra son Lisbeth Carvajal, Boris Saltos, Leandro Pesantes, Ricardo Fernández, Manuel Córdova, Xavier Coronel y José Pinto.

En su obra, el artista Ricardo Fernández pone en cuestión la idea de la representación, ya no como una referencia, sino como una deformación.

Para la realización de sus obras, los ocho partieron del mismo lugar: tres textos propuestos por Aycart, con la idea de hurgar en la forma caótica en la que funcionan las conexiones de la mente.

Estos textos son Impresiones de África, del francés Raymond Roussel; Autorretrato en espejo convexo, del inglés John Ashbery y Las curas milagrosas del Dr. Aira, del argentino César Aira.

Se trata de tres autores que no vienen de las artes visuales, sino de la literatura. Pero Aycart señala que todos tienen algún tipo de influencia en el arte contemporáneo.

Varias escenas del libro de Roussel son recogidas en las obras de esta muestra, como ocurre en la de Boris Saltos, inspirada en las texturas que imagina cuando lee la novela.

En Zuavó, obra cuyo título alude a una unidad de infantería francesa presente en la novela, José Pinto elabora una pintura dividida en varias partes que ocurre desde la mirada de un zuavó.

En un ambiente de desolación expresado en los colores y las texturas, con explosiones por un lado, o un mar calmado por otro, Pinto “imagina todo lo que Roussel no describe”.

En esta escena, dividida en varias partes, queda planteada una de las ideas principales que atraviesa la muestra: el foco y el fuera de foco, señala Aycart.  

Las obras de Lisbeth Carvajal, Manuel Córdova y Leandro Pesántez se pueden leer a partir de ahí.

En su obra, que abre la muestra, Carvajal coloca un lente convexo en un dispositivo mecánico en el que solo es posible ver una parte del dibujo que se encuentra en el interior a medida que el lente se desplaza.

Córdova sigue con el elemento del espejo, pero lo hace con una casa que se levanta sobre otra exactamente igual. Al interior de estas casas siamesas se reproduce un audio y un video que usan los mismos recursos de suspenso de las películas de terror.

Por su parte, Leandro Pesantes construye la escena de un ritual lleno de simbología mística, con toques satánicos, y hay hasta una tzantza.

El curador sostiene que un lugar fijo hacia donde apunte toda la obra, una herencia del Renacimiento, “ya no es lo nuestro. Lo nuestro es una mirada más desquiciada”.

Y así entra en una tercera arista de la muestra: las asociaciones inesperadas que hace la mente.

La cazadora de liebres, de Xavier Coronel, es resultado de estas asociaciones.

Identificado con el método de escritura de César Aira, quien define sus textos como cuentos de hadas dadaístas, Coronel dibuja la casa de la cineasta nazi Leni Riefenstahl, en el barrio de Aira.

Mientras pensaba en la obra que presentaría en esta muestra, Coronel, también cineasta, veía un documental sobre Riefenstahl, y le llamó la atención la candidez y la emoción con la que la directora recordaba, varias décadas después del Holocausto, cómo había rodado algunas escenas de gran factura visual, como si no estuvieran justificando el nazismo.

La coronación de Talú VII, la obra de Aycart, se construye de capas interminables a través de estas conexiones caóticas y una multiplicidad de formatos.

La obra está compuesta por una fotografía partida en dos que muestra a Roussel y a su amiga Charlotte Dufrene, quien se hacía pasar por su novia para disimular su homosexualidad.

Al mismo tiempo, hay una reproducción de un video con el audio de un poema de Ashbery y otro más pequeño, proyectado en los restos de una vajilla rota.

Otra de las constantes en esta muestra es la condición de la representación, que, “en palabras de Hal Foster, citando a Bataille, no está tanto en el parecido, sino en la deformación”.

Ricardo Fernández camina por este lugar con su obra que a simple vista es un escritorio desordenado, pero que, examinándolo de cerca, se nota que los muebles son de materiales falsos. (I)