Cultura

Una fiesta teatral se vivió en reapertura del Sánchez Aguilar con 'Vivir es un Cabaret'

Una fiesta teatral se vivió en reapertura del Sánchez Aguilar con 'Vivir es un Cabaret'

Siete y media de la noche del sábado y un grupo de personas aguardaban en los exteriores de la Sala Zaruma del Teatro Sánchez Aguilar. Después de cinco meses, el lugar volvía a ser testigo de una fila de espectadores, aunque en esta ocasión y por normas de seguridad, la fila se reducía a no más de cuarenta personas. Cada una portaba su respectiva mascarilla que combinaba con el atuendo elegante o casual que le daba un toque de fiesta a la noche, y es que prácticamente estaba por iniciar una gran celebración al estilo de un cabaré.

Al lugar ingresaban con calma, por separado y con debido orden, luego de confirmar sus entradas virtuales a través de un código QR en sus celulares. Previamente, la temperatura de los visitantes era tomada por el personal de seguridad del teatro.

Ya en la sala, que estaba ocupada por quince mesas -ubicadas a una distancia prudente-, algunos aprovechaban para pedir algo para picar antes de que se iniciara la función: jamones, quesos, frutas y sangrías se ‘bandereaban’ en los charoles de los jóvenes camareros, mientras que una mujer con peluca rosa, sombrero de copa y vestido con encajes interactuaba con los presentes y les ponía alcohol etílico en las manos. Era madame Marie Josephine, uno de los personajes de Vivir es un cabaret, obra que abrió los espectáculos presenciales de teatro en el Sánchez Aguilar.

A las Ocho y dos minutos, los personajes Carmenza Candelaria y David Ángel hacían su aparición en el escenario. De pronto, El yerberito, de Celia Cruz, se escuchaba en la voz de la actriz Noralma Reeves mientras era entonado desde un piano de cola blanco por el músico Miguel Gallardo.

“¿Y dónde está el resto del público?... ¿Aquí no vienen ni los testigos de Jehová?”, expresaban. Risas del público resonaban en la sala, al igual que esos “wow” de admiración ante las primeras demostraciones de magia que hacía el personaje David, interpretado por Prema Delpi, quien a la mitad de la función se robó todas las miradas con su intervención de ilusionismo: cartas, botellas aparecían y desaparecían de las manos, al igual que una botella y fuego, su cuerpo y un banco suspendido en aire… y otros ‘trucos’.

En cambio, My Way, de Frank Sinatra, marcaba el inicio escénico de Marie Josephine, personificado por la artista Ana Passeri.

La decisión de madame Josephine de cerrar el cabaré fue el detonante de la historia, en la que los otros dos personajes se oponían por completo, dándole todas las razones para no hacerlo, a pesar de la pandemia que azotaba a la ciudad. “¿Cuál es el sueño de los que están despiertos? La esperanza”, manifestaba el mago del show.

Fue así como los primeros amores, los sueños, decepciones y una permanente interacción con el público formaron parte del espectáculo teledirigido desde México por Sebastián Sánchez Amunátegui. En el que canciones como El provinciano, Un vestido y un amor, de Fito Páez; Bravo, de Alci Acosta; Qué bonita es esta vida, de Jorge Celedón; Llorona y La vida es un carnaval hicieron vivir un mar de emociones a los espectadores.

Al final llegaron las manifestaciones de aprecio de actores y directivos del teatro. “Quiero agradecerles por estar presentes esta noche”, dijo Passeri.

“Hoy es un día muy especial, es casi casi tan importante como el día que inauguramos este teatro hace ocho años”, expresó por su parte Ramón Barranco, director artístico del lugar.

“Me encanta ver la sala llena, me encanta que hayan venido elegante, eso da a entender que lo estaban esperando. Sin el apoyo del público nada de esto sería posible”, añadió María Cecilia Sánchez, directora ejecutiva de la Fundación y Teatro Sánchez Aguilar. (E)

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