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Carlos Luis Morales: Barcelona SC es bravura que se lleva en la sangre

Carlos Luis Morales: Barcelona SC es bravura que se lleva en la sangre

Llegó muy pronto al arco de Barcelona, un mes antes de cumplir 18 años. Y también se marchó anticipadamente, ayer a los 55 años. Carlos Luis Morales Benítez, uno de los mejores guardametas nacionales de todos los tiempos y figura icónica en el historial canario, le dijo a EL UNIVERSO, el 3 de septiembre de 2013, dos frases que hoy se recuerdan con emoción y que resumen su identificación como torero y también parte de un aspecto técnico que lo distinguió: “Si vuelvo a nacer, lo hago para morir en Barcelona” y “creo que nací para tapar penales, paré más de 40 penales en mi carrera”.

Aquel día de hace siete años rememoraba Morales en el estadio Siete de Mayo de Quevedo –adonde viajó con este Diario para una producción especial– las tres décadas de su estreno en primera división. El 22 de mayo de 1983 se paró bajo los tres palos canarios cuando era un adolescente y empezó así una andadura de éxitos, de vueltas olímpicas, de atajadas inverosímiles e intervenciones valientes y acrobáticas que lo consagraron para siempre.

“Era el sexto arquero y dos tuvieron que salir (Ramón Quiroga, argentino-peruano, mundialista en 1978, fue despedido; se lesionó el argentino Antonio Mercuri, llegado del Deportivo Quito). Nos ascendieron a Walter Guerrero y a mí, empezamos a pelear puesto y me tocó debutar ante Deportivo Quevedo”, contó Morales sobre su estreno.

El DT Humberto Maschio lo mandó a la cancha junto con Flavio Perlaza, Jimmy Montanero, Jorge Ballesteros, Hólger Quiñónez; Ítalo Córdova, Galo Vásquez, Tulio Quinteros; Luis Ordóñez (Jimmy Izquierdo), Paulo César (Lorenzo Klinger), Juan Madruñero. Fue 0-0.

Dos temporadas después era dueño por completo de la portería barcelonista. Era indiscutible. Y ese 1985 el joven guayaquileño celebró su primer campeonato con Barcelona, un 8 de diciembre. Deportivo Quito cayó 6-1 y entre los varios héroes que fueron paseados en hombros por la enfervorizada multitud amarilla estuvo Morales, que levantaba los brazos al cielo en el estadio Modelo.

En 1987, 1989 y 1991 sumó más galardones en el certamen ecuatoriano. Además, con la sensación de imbatibilidad que transmitía y con algunos juegos internacionales memorables era el arquero número uno del país y de la Selección.

Pero fue su papel extraordinario en las noches épicas de la Copa Libertadores de 1990 lo que mantendrá en el recuerdo permanente a Morales.

Las hazañas coperas de Morales comenzaron el 16 de mayo de 1990, en Bolivia, cuando Barcelona perdió 3-2 ante Oriente Petrolero y en la tabla de posiciones igualaron en todos los órdenes. Para establecer quién avanzaba a la otra ronda, como tercero del Grupo 1 (detrás de Emelec y The Strongest), hubo que cobrar penales. Morales les atajó los tiros a José Medrano y Milton Melgar; Jorge Monasterio erró y los amarillos vencieron 5-4.

El 12 de septiembre de 1990 otra vez Morales fue héroe al poner a Barcelona en la final al eliminar por penales a River Plate tras el global 1-1. Por los argentinos falló Rubén Da Silva y el golero le detuvo un tiro a José Serrizuela. En el Monumental se festejó el 4-3.

Fue la apoteosis. Imborrable es la imagen de Morales corriendo y saltando la publicidad estática del estadio para festejar la clasificación a la final con el público de generales. Ese día él se hizo eterno. “Barcelona es bravura que se lleva en la sangre”, definió el portero en este Diario en el 2003. (D)