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Jorge Barraza: Distracción fatal

Jorge Barraza: Distracción fatal
Buenos Aires -

Una nena con el rostro pintado de amarillo, azul y rojo lagrimeaba en la tribuna de la Arena de Lublin, en Polonia. A su alrededor, otros espectadores ecuatorianos abatidos, con el rostro desencajado, la mirada perdida, el alma herida. En el campo, los once luchadores tirados sobre el césped, completamente destruidos por un resultado cruel, también bastante injusto, que los dejó fuera de la final del mundo y alejó de sus manos la corona y la gloria. Ecuador, por primera vez campeón sudamericano sub-20, estuvo a centímetros de la final de Lodz, que tendrá dos protagonistas insospechados, Ucrania y Corea del Sur, definición que es un paradigma de la globalización y el equilibrio del fútbol a nivel universal.

Quien crea que este deporte no ha cambiado, aquí tiene un desmentido rotundo. Ya nadie más gana por su historia o por su camiseta. El cabezazo de Leonardo Campana en el minuto 94 que insólita, milagrosamente le sacó el arquero coreano y el gol anulado a Porozo le confirieron más dramatismo a este adiós de pañuelos blancos. Le queda ahora pelear el premio consuelo de un tercer puesto, a dirimir con Italia. Pero incluso una victoria no podrá secar las lágrimas de esta derrota mínima y esta tristeza máxima.

No fue la mejor producción de Ecuador. Lo dijo Célico: “La disposición táctica de Corea complicó nuestro juego”. Efectivamente, no pudieron desarrollarlo. Enfrente hubo un rival duro, tenaz, firme defensivamente y picante con la pelota.

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Amargo cierre del primer tiempo. Ecuador pudo haberse ido al descanso con un pie en la final, resultó al revés. Dominio ostensible de Corea del Sur en los primeros 25 minutos, en los que la Tricolor no encontró la llave para abrir su juego. La presión alta del equipo asiático le complicó la salida desde atrás y el armado. Muy exigido, no tuvo buena circulación ni elaboración. Corea mostró tres hombres de excelentes recursos técnicos: el exquisito zurdo Lee Kang-In (número 10 que juega en el Valencia de España), otro zurdo impactante, Choi Jun (el 19) y Go Jae-Hyun (el 13). Y arriba, un nueve bravo, Oh Se-Yun.

A diferencia de otras versiones, esta es una Corea muy bien dotada con la pelota. Las similitudes son el fantástico espíritu de lucha, la entrega total. Y una altísima condición física que disimuló el superior biotipo de los ecuatorianos. Un equipo enérgico, valiente y combativo, como todas las tradicionales versiones coreanas del sur.

Cerca de la media hora de juego logró frenar Ecuador el dominio coreano y equilibrar las acciones, incluso pasando a la ofensiva con posibilidades. A los 24m, un derechazo desde fuera del área de Cifuentes que llevaba dinamita rozó en una pierna rival y se fue al córner. Y entre los 37m y los 38m llegó el minuto que costaría el partido.

Siempre que se está tan cerca de un sueño el desconsuelo es mayor. No fue la mejor producción de Ecuador. Enfrente hubo un rival duro, tenaz, firme defensivamente y picante con la pelota. Jorge Barraza

Gran pase de Alvarado al vacío, pique de Campana con un zaguero, el 9 la enganchó con el taco derecho y la puso adelante para la zurda, aguantó al defensa y sacó un remate más bombeado que violento; el balón dio en el travesaño.

En la contra, un cachetazo terrible: gol de Corea. Tiro libre sobre la izquierda, Plata, que debía cubrir el posible pase para la entrada de Choi Jun, se desconcentró y volvió mirando hacia su arco, cabeza gacha, de espaldas al ejecutor; Lee Kang-In, muy despierto, colocó la bola en cortada para Choi, quien sin pararla le pegó justo de derecha y marcó el gol de la victoria. En la habilitación de Lee Kang-In la pelota pasó a centímetros de Plata, pero este estaba desentendido de la ejecución. Una distracción fatal. Siempre hay que volver mirando hacia adelante, es la dura lección que les queda a los muchachos de esta derrota.

Exactamente el mismo descuido le costó la eliminación a Argentina en el minuto 120 frente a Malí, partido que tenía ganado. Lo que demuestra que el fútbol actual exige 95 o 96 minutos de concentración total, absoluta. Que lo diga el Barcelona, estuvo en Babia todo el partido frente al Liverpool y perdió 4 a 0 después de haber logrado un magnífico 3-0 en la ida. Le costó una Champions.

El gol cayó como puede caer una injusticia. Ecuador lo sintió. No se achicó y fue a buscar el empate, pero con las ideas borrosas y las mentes nubladas, consciente de que iba a ser difícil frente a esa férrea Corea. Muy impreciso y sin desborde Plata, poco feliz Espinoza (la banda derecha mejoró con la entrada de Segura), Alvarado y Rezabala se debatieron en el intento de crear alguna jugada que lograra traspasar el cerco coreano. Errático Palacios en los centros, con poco aporte Quintero en la construcción. Los espacios que se encontraron seguidos ante Uruguay no aparecieron esta vez. Corea fue siempre muy ordenado y sus zagueros rechazaron incontables centros. Pese a no tener la altura de los ecuatorianos, siempre aparecía una cabeza rival para el despeje.

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Hasta llegar a esos instantes finales que aumentaron el drama de la derrota y la hicieron más insufrible. Podría escribirse un capítulo completo. En el minuto 92, de un tiro de esquina con todo el equipo dentro del área, incluido el arquero Ramírez que fue a cabecear, hubo despeje de Corea, Ecuador volvió a meterla en Troya, un bombazo de Cifuentes se estrelló en la base del palo izquierdo, salió, le pegó a Porozo y entró. Era el gol del empate, pero el VAR desinfló la euforia señalando fuera de juego. Y a los 94m, otra emoción tronchada: Diego Palacios levantó esta vez un centro precioso a la cabeza de Campana, el grandote conectó como indica el manual, de pique al suelo, y el arquero Lee Gwang-Yeon, con reflejos de gato, la manoteó abajo y echó la pelota afuera.

Si finalmente Corea del Sur se corona campeón mundial este sábado, mucho tendrá que ver esa tapada fabulosa. Es la clásica acción de un guardameta para salvar una victoria. De cien jugadas de esas, noventa y nueve van adentro. Esa no.

Se jugó entero Ecuador, sin guardarse nada, con bravura. No fue menos que Corea. Le faltó su habitual chispa futbolística para penetrar la defensa y llegar al gol. Merecía la carta última del alargue cuando menos. Siempre que se está tan cerca de un sueño el desconsuelo es mayor.

No obstante, el balance es excelente, se trata de un plantel rico del cual pueden subir a la Selección mayor varios elementos. Que para eso son esencialmente estas categorías, para proveer nuevos talentos. Y los hay. Alvarado, Rezabala, Palacios, Campana, los gigantescos Porozo y Vallecilla, el buen arquero Ramírez, el habilidoso Plata… Volveremos a pronunciar estos nombres. (O)