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Jorge Barraza: El Bayern aburre: acaricia su octava liga

Jorge Barraza: El Bayern aburre: acaricia su octava liga
Buenos Aires -

Hay malas noticias para la Bundesliga: este martes, el Bayern derrotó como visitante al Borussia Dortmund y le sacó 7 puntos de ventaja. Con un agregado: sigue optimizando su funcionamiento y es casi invencible en Alemania. A falta de sólo 6 jornadas para bajarle el telón al campeonato, el cuadro que hicieron grande Gerd Müller y Franz Beckenbauer roza ya su octava corona consecutiva. La decimoquinta desde el 2000 hacia acá. Los demás se reparten las sobras. Y si gana la Copa de Alemania -está en semifinales- hilvanará la decimoprimera también desde el inicio del nuevo milenio. Semejante supremacía, algo que no se da en las demás grandes ligas, conspira contra el plan maestro de convertirla en una liga global. El aficionado neutral pierde interés, prefiere ver otro fútbol, en éste gana siempre el mismo. Algo semejante ocurre en Italia con la Juventus, que además de su habitual poderío tiene un idilio eterno con los árbitros. Antes de cobrarle un penal en contra, un árbitro se corta las venas. Aunque en Italia, al menos, hay otros poderosos (dormidos) como el Inter, el Milan y una segunda línea fuerte encabezada por la Roma, la Lazio y el Napoli (desde Maradona en adelante); siempre queda la esperanza. En cambio, en la patria de Beethoven está el Bayern, un par de escalones más abajo el Dortmund y luego el páramo. En otras épocas era más repartido, terciaban el Colonia, el Schalke, el Hamburgo, el Stuttgart. Son vientos que ya no soplan, ríos secos.

Dortmund-Bayern es el clásico moderno de Alemania, cuesta verlo a puertas cerradas. Normalmente es un partido de 83 000 espectadores en las tribunas. Se cumplió a lo alemán: no se veía un alma. En Sudamérica hubiese sido muy distinto. Recordamos un Chacarita-Boca que cubrimos en 1984. Se habían enfrentado en San Martín, pero a raíz de una batahola descomunal entre las hinchadas y una batalla campal contra la policía, el partido fue suspendido al minuto 65. Fue la tercera Guerra Mundial. La AFA dispuso que se disputara el tiempo restante veinticuatro días después en terreno neutral -cancha de Huracán- y sin público. Al entrar quedamos sorprendidos: había más gente adentro que en el Obelisco.

De haber ganado, el Dortmund se ponía a un punto y dejaba en llamas la recta final hacia el título. Perdió su última gran oportunidad de llegar a la corona por segundo año consecutivo. En 2018-2019 lideró la carrera buena parte del torneo y al final cedió y terminó a dos puntos del cuadro bávaro. Esta vez también arrancó con ímpetu y se quedó cerca del disco. Ocurre que es difícil seguirle el paso a un caballo ganador y de tranco firme como el Bayern, que puede perder un partido, pero se repone enseguida, no tiene rachas malas. Si el resto de los clubes alemanes no da un paso adelante, la Bundesliga nunca terminará de afianzarse como atracción planetaria. Y al Bayern no se lo puede culpar de hacer las cosas bien. Ha tenido dos extraordinarios gestores en Uli Hoeness (ahora reemplazado por Herbert Hainer) y Karl-Heinz Rummenigge. Potenciaron notablemente los ingresos, acertando con técnicos y refuerzos, cuidando el peso, manteniendo el orden.

El aficionado neutral pierde interés, prefiere ver otro fútbol, en éste gana siempre el mismo.

A los 32 segundos, el joven Haaland casi marca un nuevo gol, ya había superado al arquero Neuer, pero lo evitó Boateng sobre la raya de gol. Se veía en el inicio un Dortmund dominante, a puro toque, con gran dinámica y velocidad. En nueve minutos había llegado tres veces. No obstante, sobre el cuarto de hora ya había emparejado el Bayern y ahí comenzó una tarea de ablandamiento que se extendió hasta el final. Lentamente fue imponiendo su mayor envergadura. Más macizo. Y al minuto 43 hirió de muerte. Joshua Kimmich, el polifuncional bueno (también están los que juegan de todo, pero mal) hizo un gol precioso. Aún estando rodeado, apremiado, vio ligeramente adelantado al excelente arquero suizo Roman Burki y, desde el borde del área, le tiró una vaselina (antes decíamos emboquillada, pero hay que estar a tono con los tiempos…) al ángulo. Burki la raspó con las uñas, pero no pudo impedir que entrara. Golazo-golazo. Y psicológicamente clave, porque fue al finalizar la primera etapa.

El Dortmund quiso ir por la hazaña de darlo vuelta; no tuvo con qué. Le faltó robustez de conjunto, individualidades para desequilibrar. Y en el minuto 72, la peor noticia: se lesionó el niño maravilla, Erling Haaland. Problema muscular que, es factible, lo deje fuera el resto del torneo. O casi.

No es un superequipo el Bayern, sí un eficiente grupo de buenos jugadores (algunos muy buenos, como Neuer, Kimmich, Lewandowski, Thomas Müller) al servicio del colectivo. Y con la disciplina y entrega de todo representativo alemán. Eso, más la mentalidad Bayern: ganar, ganar, ganar. Hans-Dieter Flick, de 55 años, llamado en Alemania “el eterno asistente” pues siempre ha estado detrás de los entrenadores principales, recibió el cargo como interino tras la salida de Niko Kovac por malos resultados, pero sobre todo porque el juego no convencía. Al ganar 8 partidos sobre 10 y devolverlo a la pelea de arriba, la dirigencia del Bayern lo nombró técnico definitivo y le renovó contrato hasta junio de 2023. Con él apareció un cuadro más atractivo y ofensivo, con mejores movimientos. Y ha sido una aplanadora en los números. Con la Bundesliga en el bolsillo, el Bayern está en semifinales de la copa del país y con un pie en cuartos de Champions. Flick podría dar el golpe de su vida. Otro ejemplo de lo que se debe hacer con el conductor cuando, después de un tiempo prudencial, un equipo no juega a nada: cambiarlo. (O)