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Jorge Barraza: Una nueva Colombia, la misma Argentina

Jorge Barraza: Una nueva Colombia, la misma Argentina
Buenos Aires -

El 2-0 sobre Argentina en Bahía, más que el debut en la Copa América, es la partida de nacimiento de una nueva Selección Colombia. Con los mismos jugadores, pero con otro sello, el de Queiroz. El triunfo, más contundente en el juego y en la actitud que en el resultado, mostró claramente una nueva versión. Una Colombia agresiva, intensa, dinámica, fuerte física y anímicamente, con enorme despliegue, temperamento y decisión para presionar, anticipar, correr, ahogar al rival y luego, en la medida en que recuperaba y podía, jugar. Menos amor por la pelota, más velocidad y energía. Rápida para hacer la transición defensa-ataque. Por momentos pareció el Liverpool del 4-0 sobre el Barcelona. Todos metiendo, todos luchando, llegando antes que el rival (le interceptó casi todos los pases hacia adelante), metiendo firme la pierna. Es un tipo de fútbol muy en boga en Europa, el mismo que le permitió a Jurgen Klopp alcanzar dos finales de Champions. Lo habíamos dicho en Twitter el domingo anterior: la forma en que Colombia había goleado a Perú 3-0 en Lima debía ser necesariamente muy inquietante para Argentina.

Por encima de figuras individuales, fue un equipo, un bloque macizo, con la idea del técnico totalmente internalizada en apenas dos meses. Ahí está el mérito del entrenador, que en poco tiempo restauró toda la casa y con los mismos muebles luce diferente, más sólida. De Pekerman habría que resaltar entonces que eligió bien: todos estos jugadores los convocó él a la Selección. Se los dejó.

Fue un partido picante. De entrada y de salida. Se rasparon mucho. Al lado de este, Brasil-Bolivia y Perú-Venezuela parecieron dos amistosos para estirar las piernas. Colombia quería cortar la racha negativa con Argentina, tenía una espina clavada, y se la sacó, por fin. Porque salió a ganarlo, con la premisa de defender primero, maniatar al adversario, doblegarlo en el trámite a pura presión, y luego buscar el momento de dar el golpe. Este era el partido para torcer el rumbo del historial, no podía encontrarse con una Argentina peor. Y lo aprovechó. Un partido que abre un amplio ventanal de ilusión, por la propuesta de Queiroz, porque los jugadores la aceptaron y la llevaron al campo perfectamente.

Cuadrado jugó un partido espectacular. Que carrilero, que interior… Nada, se puso sólo de cinco, de centrocampista y dirigió la batuta desde ahí. Se le fue la pierna con Messi, era para tarjeta naranja mínimo, una dura entrada sin pelota, Tobar lo premió con la amarilla y Queiroz, vivo, lo sacó de inmediato, sabía que estaba jugando de regalo. Pero destacar a Cuadrado sólo sería injusto, los once hicieron figura al conjunto. Golazo el de Roger Martínez, que limpió como un poste a Saravia y quemó a Armani (desde hace tiempo un arquero normal). Y notable oportunismo de Zapata para primerear a Otamendi y Pezzella en el segundo, tras muy buen centro de Lerma. Cuando el partido aún estaba en cero, Ospina demostró una vez más por qué es el mejor arquero que este cronista haya visto en la Selección Colombia: le tapó un cabezazo abajo a Otamendi a lo Gordon Banks. Tremenda salvada. Tiene mil de esas.

Colombia ha dado el primer cimbronazo de la Copa, la primera noticia de bulto que arroja el torneo. Había metido miedo en el amistoso ante Perú, en Lima, el domingo pasado (lo aplastó); ahora lo confirmó en competencia oficial. Ya podemos ir pensando en lo que será en la Eliminatoria: un rival temible que muy posiblemente consiga un cupo a Qatar. Incluso con esto se candidatea a ganar la Copa 2020, donde será local. Un técnico europeo -Queiroz- viene a sacudir la molicie del fútbol sudamericano. Según confiesa el portugués nacido en Mozambique, no está casado con ninguna ideología, tiene varias novias tácticamente, estudia a cada rival y en función de ello prepara el partido.

Colombia es un equipo, Argentina es nada. En el inicio de una nueva Copa América, se cumplió de nuevo una ley de hierro: desde 1916, el peor enemigo de Argentina es Argentina. Llegó sin técnico, juega Di María… Messi es masoquista insistiendo en venir. Tampoco hay mucho más que esto. Sólo al presidente de la AFA se le podía ocurrir afrontar una Copa América con un entrenador interino, que además nunca dirigió y que vive en España. Una decisión disparatada: no se le puede prestar la Selección Argentina a un individuo para que haga sus palotes. Naturalmente, quedará algún despistado que considere que la culpa de los males de Argentina es de Messi (también queda alguno que aún protesta contra el VAR), pero esa idea empieza a disolverse por obra de la realidad. La AFA tomó esta Copa América como se podía tomar en los años ’70, que, si se jugaba, bien, si no, lo mismo. Ahora la Copa tiene enorme prestigio y relevancia, venir expresamente a fracasar por desinterés es un suicidio deportivo y político. Aunque, al volver a Buenos Aires, nadie le pedirá a Claudio Tapia, titular afista, que rinda cuentas de su despropósito. Hasta es posible que prolongue el interinato de Scaloni, así sigue ahorrando el sueldo de un entrenador en serio. Un entrenador.

Punto aparte: el fútbol argentino no tiene figuras. Cuesta encontrar nombres mínimamente potables para muchos puestos. Y en medio de tanta desorganización y desatinos, todos los futbolistas se deslucen. Así como, al revés, en Colombia la acertadísima elección del entrenador ha potenciado de inmediato a todos sus jugadores.

Todo el combo de Argentina es un tango de Contursi: Sombras nada más…

Colombia es un equipo, Argentina es nada. Sólo al presidente de la AFA se le podía ocurrir afrontar una Copa América con un entrenador interino, que además nunca dirigió y que vive en España".