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Jorge Barraza: Yordan Osorio, Venezuela, el VAR

Jorge Barraza: Yordan Osorio, Venezuela, el VAR
Buenos Aires -

El VAR es lo mejor que le pasó al fútbol en cincuenta años. En apenas ocho partidos lleva casi treinta intervenciones con el 100% de acierto. Esto significa que en apenas ocho juegos hubiésemos tenido una treintena de errores graves que hubieran cambiado resultados y posiciones. O sea, injusticia más injusticia. Gracias al VAR, la casa está en orden, no hubo escándalos y todo está como debía ser.

Los partidos deben decidirse deportivamente, por mérito, no por fallas arbitrales o deslices antirreglamentarios. O cosas peores.

El Brasil 0 - Venezuela 0 es perfecta muestra de lo que el fútbol era y lo que ahora es: Brasil marcó dos goles, el juez chileno Julio Bascuñán los concedió, los jueces de arbitraje lo llamaron a revisarlos, Bascuñán se acercó a la caseta, demoró un poco, pero se convenció de que en ambos casos había fuera de juego y los anuló. Hasta hace dos años, habría ganado Brasil 2 a 0, anteayer empataron sin goles. La prensa brasileña no se quejó, Tite dio la razón a la tecnología: ”Estuvo bien”. El VAR es una bendición. Los indignados con él son los hinchas de equipos que durante ochenta años acumularon campeonatos con favores arbitrales. Eso se acabó. Nadie sabe qué pensaba interiormente Bascuñán, si tenía ganas de anular esos goles de Brasil, pero eso ya no lo puede hacer, está fiscalizado: cuatro colegas suyos estaban en el gabinete del VAR y le mostraban que había offside, no puede ir en contra.

El bochornoso caso de Anderson Daronco, que en el trascendental partido River-Independiente se negó a revisar con el VAR la jugada que era clarísimo penal para Independiente y expulsión del zaguero riverplatense Pinola, ya no puede repetirse. Están advertidos los jueces. Ya no son los únicos dueños del destino de un partido. No pueden hacerse los distraídos. De haber habido VAR toda la vida, cientos de campeonatos hubieran cambiado de manos.

Acerca de las demoras que origina la nueva herramienta, Bascuñán lo resolvió bien, Adicionó 10 minutos. La disyuntiva es: que un equipo gane con un gol con la mano o perder dos minutos para revisar si fue mano.

El histórico resultado acontecido en Salvador se suma al 3-1 que Venezuela le propinó a Argentina en Madrid en marzo pasado. Ya no es el depositario de las ansias ajenas de golear, lo respetan. Si analizamos fríamente el juego, Brasil debió ganar por dominio y situaciones de riesgo, aunque en verdad Wuilker Faríñez no necesitó ponerse el traje de superhéroe; algunas se fueron raspando, otras entraron, pero las invalidó el VAR. Si era por tarjetas, como en el box, prevalecía apenas Brasil por puntos. Empujado sobre todo por sus pergaminos y por su condición de local antes que por un juego lucido o arrollador.

Al igual que ante Bolivia, fue un Brasil normal, terrenal, al menos así se ve sin Neymar. No parece invencible para un Uruguay, un Colombia, incluso un Chile en la fase final. Richarlison y Neres, en quienes veíamos enorme potencial, no ratificaron con la canarinha sus buenos momentos en Inglaterra y Holanda. Por segunda vez, cuando entró, el revulsivo fue Everton, un extremo fantástico, de velocidad y gambeta vertical. Dicen que rechazó una gran oferta del Manchester United. No entendemos cómo aún sigue en Gremio y nadie de Europa ha venido a llevárselo. Tampoco cómo es suplente. Le sobra para estar entre los once en este Brasil.

Tite es hombre sabio, ha de estar preocupado. Este no es el Brasil que arrollaba en la Eliminatoria, tampoco el que acudió a Rusia como favorito. No obstante, a pesar de no haber ganado, mejoró respecto del partido ante Bolivia. En 1989, con Bebeto, Romario, Branco, Mazinho, Aldair, Alemao, Brasil hizo una copa pobrísima, al punto de ser abucheado estruendosamente en la primera fase en Bahía, luego levantó, venció a Paraguay, Argentina, Uruguay y fue campeón. Van dos partidos apenas.

De Venezuela asombra no ya la evolución técnica -ponderable- sino su carácter, su bravura. De aquellas cándidas selecciones vinotintos que recogía goleadas en todos los campos de América, no queda rastro. Las actuales salen de fábrica con un curioso espíritu guerrero, al punto que logra la adhesión de los hinchas neutrales. Acaso el capitán Tomás Rincón es un paradigma de ello: es quizás el menos dotado futbolísticamente, pero transmite coraje, liderazgo, contagio. Son en su mayoría nombres desconocidos para el gran público, salvo Salomón Rondón, el fenomenal arquero Wuilker Faríñez, Soteldo, el citado Rincón, Josef Martínez (máxima estrella de la liga estadounidense), el magnífico atacante Jhon Murillo. Sin embargo, los que entran captan la tónica. La pregunta es ¿por qué surgen tan buenos jugadores en un país no futbolizado hasta pocos años atrás…? En un país víctima de una catástrofe social. ¿Cómo es que mantienen el temperamento, el orgullo, la altivez…?

Rechazos de cabeza, cruces salvadores, trabadas enérgicas, quites notables, anticipos, cierres oportunos, despejes, aguante, hasta salida elegante. El repertorio completo de un defensa. Todo con firmeza, vigor, temperamento, seguridad, determinación… Pocas veces, quizá muy pocas, asistimos a una actuación tan excepcional de un futbolista como la de Yordan Osorio, primer zaguero centro de Venezuela. Hurgando en la memoria se nos ocurre una de Beckenbauer en el Mundial ’66, alguna de Elías Figueroa, acaso de Puyol en su momento cumbre. Y punto. Fue absolutamente consagratorio. Un titán que intervino decenas de veces y no falló una; por arriba, por abajo, abortó casi todos los intentos adversarios de quebrar su arco. Agréguese que fue ante Brasil, en Brasil y por la Copa América. El partido perfecto ante el rival cumbre. Osorio es un 60% de la explicación del heroico empate de Venezuela ante Brasil en Salvador.

Osorio es una de las caras nuevas de esta nueva Venezuela que cada vez sorprende más y en definitiva sorprende menos. Porque se está haciendo hábito que dé estos golpes de autoridad. Yordan juega en el Vitoria Guimaraes de Portugal. Seguro después de esto le lloverán ofertas de clubes y ligas más fuertes. Algún director deportivo debe haberlo visto.

Para que Osorio fuese tan monumental Brasil debió insistir mucho. Y lo hizo. Chocó contra esta roca infranqueable. (O)

Tite es hombre sabio, ha de estar preocupado. Este no es el Brasil que arrollaba en la Eliminatoria, tampoco el que acudió a Rusia 2018 como favorito".