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Ricardo Vasconcellos Rosado | Francisco Egas: Vamos a ser una potencia mundial

Ricardo Vasconcellos Rosado | Francisco Egas: Vamos a ser una potencia mundial

El ambiente, la decoración, la música heavy metal, el alboroto en el auditorio integrado en su mayoría por algunos periodistas nuevaoleros que esperaban el fin de la ceremonia para disfrutar del fino champán francés y el buffet gourmet, más parecía la gala de los premios Grammy Latinos que una cita de fútbol. Todo a tono con la tendencia empresarial modernizadora que ha imprimido en la Federación Ecuatoriana de Fútbol su presidente, Francisco Egas, y sus compañeros de directorio, algunos de ellos hombres de negocio exitosos.

El objetivo era presentar al nuevo técnico de la Selección mayor, nada menos que un holandés con un apellido ilustre que está en las páginas más lujosas del fútbol mundial: Jordi Cruyff. Para no perder la pista de la modernidad un locutor anunció la salida del entrenador como si fuera una estrella de rock pesado, con una exclamación que se oyó hasta la estación de Chimbacalle y despertó a algunos capitalinos de sueño temprano. Un hombre alto y calvo emergió por una puerta pequeña mientras del piso se elevaban columnas de humo artificial, llovían papelitos de colores y las luces sicodélicas semejaban un ambiente de discoteca pelucona. La luneta clamaba su entusiasmo. Un éxito total para los asesores de imagen. No sé si fue una falsa impresión mía, pero me pareció notar en el rostro de Cruyff una ligera mueca de disgusto. El escenario era como para extraviar la imaginación.

¿Era necesaria esa fanfarria de mal gusto, tercermundista, pueblerina y desubicada para presentar a quien va a dirigir un proyecto que se dice va a cambiar la historia de nuestro balompié? El holandés debe haber pensado: ¿a dónde me he venido a meter? ¿Le habrá pasado lo mismo en Israel o China, que son los dos únicos países donde ha dirigido a clubes?

No todo terminó allí. Francisco Egas salió a escena cuando se disipó el humo y dejaron de caer los papelitos multicolores. Ordenó que cesara la música y con tono declamatorio recitó un bien aprendido discurso. Habló de la nueva era (ojalá no sea como la de Pierina Correa, que sepultó al deporte de Guayas) y de la conversión de la FEF en una empresa con relieve moderno. El clímax llegó cuando aseguró que Cruyff y él liderarán “un proyecto que llevará a Ecuador a ser una potencia mundial”. Hay que reconocer su confianza y su optimismo, pero debe ser un propósito de muy largo plazo pues los compromisos de nuestra Selección son muy próximos y será complicado que se muestre la mano del técnico.

De Cruyff hay que destacar su paso como jugador por clubes importantes como Barcelona de España y Manchester United, aunque no con el brillo que haría suponer su apellido. Parece tener más experiencia como director deportivo que como entrenador pues solo ha estado en equipos de dos países de bajo nivel. Nunca ha dirigido una selección y le será difícil empezar a entender a jugadores poco profesionales (lo son solo por los sueldos que ganan), con escaso apego a la disciplina y con poco compromiso con la divisa el club y de la Selección, salvo unos cuantos casos.

Deberá enfrentar a dirigentes que en su mayoría anteponen los intereses de su club al de la Selección y deberá inyectarse altas dosis de paciencia para soportar el caos institucional y del ambiente futbolero nacional. ¿Sabrá Cruyff que deberá tratar con futbolistas que en muchos clubes no cobran sus sueldos debido al alto nivel de endeudamiento de sus entidades, más cercanas a la quiebra que a la estabilidad institucional?

Amigo Jordi Cruyff, a la vuelta de su viaje por Europa para conversar con probables seleccionados, oirá usted el testimonio de que el país donde está usted a cargo del proyecto que nos llevará a ser potencia mundial, al nivel de Francia, Alemania, España, Bélgica y Gran Bretaña, es el país de la impunidad directiva. Uno o varios dirigentes pueden tomar un club, derrochar sus recursos, firmar contratos lesivos, fideicomisos truchos, disponer del dinero y luego no rendir cuentas a nadie e irse dejando en la ruina a su entidad.

En este Ecuador futbolero en el que usted se ha embarcado rige una lógica popular: no hagas a otro lo que no quieras que te hagan a ti. Hay un club en el que los que llegan aseguran que van a realizar una auditoría para sancionar a quienes se llevaron en peso a la institución. Todo queda en alharaca mediática. El que llega viene a hacer lo mismo que su antecesor. No hay castigo ninguno porque sabe que cuando se vaya el que lo suceda va a hacer lo mismo. Lo estamos viviendo en estos días. Si alguien propone que alcen la mano los clubes que manejan correcta e insospechablemente sus cuentas, le aseguro Cruyff que sobran los dedos de una mano.

La misma noche del alboroto rockero de los dirigentes de la FEF se presentó el nuevo logo institucional. Lo vi y comparto la impresión generalizada: no sugiere nada, no identifica nada, no entusiasma. Más parece una variación de los Transformers. Según ha informado la FEF en su página oficial, ese logo contiene “abstracciones gráficas representativas y sutiles”. Es tan abstracto que nadie lo entiende. La misma Federación dice que al solo verlo “sus elementos transmiten identidad al hincha”. ¿Será cierto? Tan poco entiende este columnista la modernidad en el diseño gráfico, pese a haber trabajado largamente con dos maestros de la profesión, como Manuel Jarrín Recalde y Johnny Lino Coronel.

La información contenida en la página oficial de la máxima autoridad del balompié nacional emite conceptos que nos parecen una tomadura de pelo. Ocho diseñadores de una empresa nacional trabajaron día y noche durante cinco meses para dar a luz “una imagen futbolera y moderna” que “representa la pasión y el fervor de la hinchada”. ¿El resultado de tanto esfuerzo y creatividad?: Un espantajo que, según la FEF, enciende la emoción de los aficionados ecuatorianos “para defenderlo, besarlo y llevarlo con orgullo”. ¡Habrase visto!, diría mi abuelita.

En fin, tenemos un cuerpo técnico europeo, un director deportivo que ha estado en varios clubes españoles, un secretario general que ha laborado en transnacionales millonarias y es un experto en “planeamiento estratégico, finanzas y tecnología”, que fue gerente de River Plate (¿cómo anda su problema con este club?). Con ellos a bordo vamos a brincar a los primeros lugares del ranking FIFA en diez años, esto es, para el Mundial 2030 que va a realizarse en nuestro país, según el presidente Lenín Moreno y la secretaria nacional del Deporte, cachiporrera de esta candidatura.

Ella ha sido encargada por Moreno para buscar $4000 millones y no cesa en sus andanzas por los ministerios que deberán seguir debiendo a Solca, a la Junta de Beneficencia, al IESS, a los jubilados, a los maestros y su cesantía, para darle gusto a doña Andrea. No importa que el presidente del Perú no haya dicho ni una palabra en el emprendimiento en que lo ha querido embarcar Moreno y que Conmebol no haya tomado en serio esta peregrina idea. (O)