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El frustrado autogolpe en Bolivia

El frustrado autogolpe en Bolivia

*JORGE DULON FERNÁNDEZ

Los hechos en Bolivia han sido muy dinámicos en las últimas semanas. Desde el 20 de octubre de las elecciones y a la luz de los resultados preliminares, se fueron desencadenando un conjunto de interpretaciones desde la oposición y desde el oficialismo. Ese mismo día la Organización de Estados Americanos (OEA) y la Unión Europea (UE) recomendaban una segunda vuelta, ya que percibían la existencia de irregularidades en el proceso electoral.

El apagón de la Transmisión de Resultados Electorales Preliminares, la comparación de los resultados en boca de urna obtenidos por la empresa Vía Ciencia y los oficiales levantaban muchas susceptibilidades.

El Gobierno de ese entonces se proclamó ganador en primera vuelta y la principal organización política opositora declaraba haber obtenido su primera victoria que significaba ir a segunda vuelta.

A partir de las recomendaciones de la OEA y de la UE el Gobierno a regañadientes solicitó a la OEA, de manera unilateral, una auditoría. Esto generó suspicacias en la oposición, ya que no se había tomado en cuenta su opinión; también profundizó el movimiento ciudadano desde los Comités Cívicos y el Comité de Defensa de la Democracia que ya no exigían segunda vuelta sino pedían la renuncia de Evo Morales.

La oposición política partidaria era más cauta, sus demandas se circunscribían a cambiar a las autoridades del Tribunal Supremo Electoral y llamar a nuevas elecciones. Lógicamente el Gobierno no aceptó ni la demanda de la oposición política partidaria y menos la demanda de los Comités Cívicos.

Ante el crecimiento del conflicto, los sectores más “racionales” le pedían al Gobierno que llame de inmediato a un diálogo. El Gobierno creyendo que podía desgastar el impulso de los levantamientos ciudadanos negó esa posibilidad.

Las movilizaciones y los enfrentamientos se habían llevado tres vidas y más de un centenar de heridos. Absurdamente consecuente con su línea discursiva el Gobierno insistía en esperar los resultados de la auditoría que tenía un plazo máximo de trece días. Habían pasado 9 y la movilización que pedía la renuncia del presidente era pacífica, pero incontrolable.

Finalmente, llegó el domingo 10 de noviembre y temprano la OEA dio a conocer los resultados preliminares de la auditoría que reconocía la existencia de irregularidades cometidas de manera sistemática en varios ámbitos del proceso electoral. En pocas palabras, la OEA determinaba con claridad la existencia de un fraude electoral y recomendaba la anulación de las elecciones y la realización de nuevos comicios electorales.

Rápidamente el entonces presidente Morales al verse descubierto y siguiendo el carácter vinculante de las recomendaciones de la auditoría decidió llamar a un diálogo entre el Gobierno y los actores políticos opositores que habían sido parte del proceso electoral, desconociendo la representación importante que en ese momento habían conseguido los Comités Cívicos, el Conade y la Policía Nacional que se encontraba al lado de su pueblo.

Además, planteó la necesidad de anular elecciones y llamar a nuevos comicios con un Tribunal Supremo Electoral renovado. Ya era tarde. La gran mayoría de los bolivianos se habían dado cuenta de que el Movimiento al Socialismo (MAS) en general y Evo Morales en particular habían hecho trampa y que mediante el fraude comprobado querían robarle las elecciones a la oposición y al pueblo boliviano.

La convulsión social crecía y se insistía en pedir la renuncia. Ante ese panorama desolador para el Gobierno del MAS, varias de sus autoridades comenzaron a renunciar. Los movimientos en las calles auguraban la renuncia de Morales. Esa predicción no tardó en concretarse y finalmente Evo apareció junto a los entonces vicepresidente y ministra de salud en un mensaje grabado, anunciando la tan añorada renuncia.

Los mensajes en el discurso eran claros. Responsabilizaban a los líderes de la oposición de todo lo acontecido y se les pedía hacerse cargo de los conflictos en el país casi adivinando que dichos conflictos se iban a incrementar.

Actos terroristas en la sede de Gobierno atemorizaban a la población, saqueos de negocios, quemas de 64 buses de transporte público, incendios de casas de personalidades reconocidas como opositoras hicieron que el festejo se transforme en un pánico sistemático. El país estaba descabezado, en sobresalto y con incertidumbre. La policía no tenía los medios para controlar las hordas terroristas y la interrogante general era: ¿dónde están los militares?

El lunes por la noche por fin el comandante de las Fuerzas Armadas salió a la luz estableciendo que las Fuerzas Armadas defenderían al pueblo boliviano. Ese mismo día, quizás al verse sobrepasado, Morales aceptó el asilo político ofrecido por México y el martes partió declarando que se había materializado un golpe cívico político y policial.

El mismo día en una asamblea extraordinaria de la OEA, su secretario general subrayó que definitivamente sí hubo un golpe de Estado en Bolivia. Este se habría dado el 20 de octubre de 2019, día de las elecciones nacionales, cuando el Gobierno del MAS trató de robarle las elecciones una vez más al pueblo boliviano para perpetuarse en el poder.

Impulsada por este respaldo internacional y por estas declaraciones, horas después, la Asamblea legislativa instituyó en Bolivia un nuevo Gobierno Constitucional transitorio que tendrá la tarea de renovar el Tribunal Supremo Electoral con autoridades probas y a partir de ese espacio, llamar lo antes posible a nuevas elecciones, esta vez sin trampas, sin irregularidades y sin fraude. (I)

*ADMINISTRADOR PÚBLICO Y CIENTISTA POLÍTICO, UNIVERSIDAD DE CHILE. MAGISTER EN GESTIÓN Y POLÍTICAS PÚBLICAS, MPD UNIV. CATÓLICA BOLIVIANA - UNIV. DE HARVARD. www.latinoamerca21.com, UN PROYECTO PLURAL QUE DIFUNDE DIFERENTES VISIONES DE AMÉRICA LATINA.