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Libia, la mortífera ruta para migrantes que van a Europa

Libia, la mortífera ruta para migrantes que van a Europa

La buena perspectiva económica y de empleo hizo de Libia en la década de los noventa un centro de llegada de migrantes y refugiados. En la actualidad lo sigue siendo, pero no por esas razones. Libia es víctima del caos y la guerra civil desde que en 2011 grupos rebeldes terminaron con la dictadura de Muamar al Gadafi (1969-2011) y ahora se enfrentan dos gobiernos: uno en Trípoli y otro en Tobruk, apoyado por militares.

Este clima de inestabilidad política, social y económica por la pugna del petróleo, sumado al vacío de autoridad, ha hecho de Libia un país de tránsito y la principal puerta africana de migrantes hacia Europa, luego de cruzar el mar Mediterráneo.

Según la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados, Libia es la ruta migratoria más mortífera del mundo en un tramo de 1.000 km desde el sur del desierto del territorio, más 500 km por mar hasta Sicilia, en Italia. La ruta ha dado paso al contrabando de personas a gran escala.

Los traficantes ganan grandes cantidades de dinero transportando en barcos sin seguridad a migrantes que pagan hasta $ 1.000 por el viaje. Reunir esa suma puede llevar hasta un año para un migrante, después de trabajar por cinco a diez dólares diarios.

Las atrocidades a migrantes en Libia incluyen asesinatos, tortura, detención arbitraria, violaciones, esclavitud, trabajo forzado y extorsión”, Michelle Bachelet.

Cuando llega el momento del viaje, los migrantes se encuentran con una lancha y no con el barco prometido, y no les queda más que abordar.

En 2015 alrededor de 800 personas murieron en un naufragio, el peor hasta ahora. Tras la tragedia, ese mismo año la Unión Europea implementó la Operación Sofía, bautizada en honor a una niña somalí que nació en altamar.

Esa misión, que auxiliaba a migrantes a la deriva con dos embarcaciones y que logró salvar 45.000 vidas, fue suspendida en marzo de este año por Italia, país que impidió el desembarco de migrantes rescatados en sus puertos.

Matteo Salvini, ministro del Interior italiano, aprobó en 2018 el “Decreto Salvini”: Seguridad e inmigración, que suprimió la protección humanitaria a los solicitantes de asilo.

Al no poder ingresar a Europa, los migrantes son capturados en el mar y regresados a Libia para ser recluidos en centros de detención del Departamento contra la Inmigración Ilegal. Entre enero y mayo de este año 2.417 migrantes fueron devueltos.

En los centros las condiciones de vida son deplorables, no hay comida suficiente y más de 500 hombres deben compartir un solo baño, publicó BBC.

La Misión de la ONU de Apoyo a Libia y la Oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos advirtieron en un informe de 2018 que los migrantes y refugiados que atraviesan Libia están sometidos a “inimaginables horrores”.

En 2015, CNN pudo constatar que en Trípoli migrantes africanos eran vendidos como mercancía en subastas hasta en 1.200 dinares libios ($ 400).

En la última recolección de datos de la Organización Mundial de Inmigración en Libia, entre marzo y abril, se identificó a 641.398 migrantes que procedían de más de 39 países. La mayor cantidad provenía de Níger, Egipto, Chad, Sudán y Nigeria. La mayoría de migrantes deja sus países huyendo de la pobreza o la violencia.

En Níger, por ejemplo, un país con 21,9 millones de habitantes, y con una continua inestabilidad política, tres cuartas partes de su población viven en pobreza extrema.

En lo que va de este año han llegado 45.064 migrantes: por mar 37.065 y 7.999 por tierra, cifra menor a la del 2018, cuando arribaron 114.179. Esta disminución de flujos migratorios evidencia la crisis económica que atraviesa Libia. Un nuevo conflicto armado comenzó el 4 de abril en el sur de Trípoli y casi tres meses después, el 2 de julio, el Centro de Detención Tajoura fue bombardeado. El incidente causó la muerte de 53 migrantes y lesiones a más de 130.

Fuera de estos centros existe gran población de migrantes, vulnerables y sin protección, que viven en la creciente inseguridad, junto a la población de más de 6 millones de habitantes que tiene Libia. (I)