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Opinión: El dramático final del periodo Trump

Opinión: El dramático final del periodo Trump

Por Milagros León*

La presidencia de Donald Trump cierra el telón con el último y más dramático espectáculo para el mundo. Los últimos días de su presidencia terminan con la capital en Estado de Emergencia, el vicepresidente distanciado, líderes de su partido expresando, la mayoría por primera vez, críticas al presidente y varias voces a lo largo del país pidiendo la remoción inmediata del mandatario. El asalto a la sede del Congreso que dejó el saldo de cinco muertos, entre ellos una mujer que recibió un impacto de bala al interior del edificio y un oficial de seguridad del parlamento, es atribuido por políticos de ambos partidos, por los medios y por gran cantidad de ciudadanos al propio presidente Trump y al discurso que dio esa misma mañana del miércoles frente a los miles de simpatizantes que de ahí se desplazaron al Congreso. “Ustedes nunca van a recuperar nuestro país con debilidad”, les dijo a la vez que les invitaba a ir al Capitolio a protestar.

Pero el asunto se salió de las manos como vimos millones de personas alrededor del mundo. Las escenas de caos lograron lo que en cuatro años de presidencia de Donald Trump no había sucedido, que finalmente la mayoría o al menos los cuadros más importantes del partido Republicano marquen una distancia con el mandatario. Donald Trump termina los últimos días de su gobierno prácticamente aislado y abandonado.

El aislamiento es aún más evidente ya que al presidente, que se comunica en la práctica únicamente vía Tweeter y Facebook, las compañías le han sido suspendido las cuentas por reportar datos falsos e incitar a la violencia.

Al mismo tiempo, desde pocas horas después de los sucesos y cada día más, funcionarios de la administración abandonan el barco. Entre los que han renunciado figuran las ministras de Transporte y Educación, el asesor de Seguridad y el presidente del consejo económico de la Casa Blanca.

En el Congreso, por su parte, se escuchó un coro de senadores y representantes del Partido Republicano criticar abiertamente a su líder en la Presidencia. No fue raro oír a Mitt Romney, senador, excandidato a la presidencia y uno de los pocos que se opuso a varias de las políticas de Trump a lo largo de su gobierno. “Esta fue una insurrección incitada por el presidente de los Estados Unidos”, dijo sin tapujos cuando se reinstaló la sesión del Parlamento. Sorprendente sí fue la clara declaración del senador por Carolina del Sur, Lindsey Graham, quien durante los cuatro años de la presidencia de Trump fue un furioso defensor de las acciones del presidente.

Pero lo del miércoles opacó las otras noticias de la semana: el domingo los principales medios de comunicación publicaron la trascripción de una llamada del Presidente al secretario del Estado de Georgia prácticamente presionándole para que le “encuentre 12.000 votos” para cambiar los resultados de las elecciones. Casi un pedido a cometer el delito de fraude. El martes, los electores de ese mismo Estado votaron históricamente para elegir al pastor Raphael Warnock como el primer senador negro en la historia de Georgia; él y su joven colega Jon Ossoff, ambos del Partido Demócrata obtuvieron la mayoría de los votos en las elecciones seccionales. Con estos dos curules el senado queda virtualmente empatado con 50 votos para cada partido, lo que activa inmediatamente el voto definitorio, en caso de necesidad, del vicepresidente de la República, que es en la práctica el senador número uno.

Con esta victoria, los demócratas obtienen el control total del gobierno pues ya tienen la mayoría en la cámara de diputados y la Presidencia de la República. Este hecho cambia totalmente la dinámica para al menos los primeros dos años del gobierno Joe Biden dándole la oportunidad de aprobar más fácilmente sus políticas.

Hoy la pregunta que muchos se hacen al ver la ausencia de poder en la Casa Blanca es ¿Quién gobernará este país en los próximos diez días? (O)

* Periodista ecuatoriana radicada en Estados Unidos