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Reportera del Times tuvo COVID-19 y estuvo enferma 6 meses

Reportera del Times tuvo COVID-19 y estuvo enferma 6 meses

La editora Laura M. Holson tuvo COVID-19 en abril del 2020, pero tuvo síntomas hasta septiembre del mismo año. Así lo contó Holson en una crónica para el New York Times, periódico donde trabaja y es editora visual.

En esa historia ella relata que el 17 de abril del 2020 dio positivo para COVID-19. Los síntomas que presentó fueron tos, dolores corporales y fiebre alta, tras hacerse revisar por su médico personal descubrió que también tenía neumonía bacteriana.

Aunque sentía que se moría, la periodista relata que no necesitó ser hospitalizada aunque si tomó antibióticos para frenar la neumonía. Pero cuando esta cesó, los síntomas iniciales se mantuvieron. "Me quedé con tos, náuseas, fiebre y presión en el pecho que a veces era tan severa que sentí como si me hubieran colocado un yunque en la caja torácica y no pudiera recuperar el aliento", escribió en su crónica.

Para el 22 de junio ya había dados negativo al coronavirus dos veces y la mayoría de los síntomas habían desaparecido o disminuido. Sin embargo ella cuenta ese día como la segunda ocasión en la que pensó que se iba a morir.

"Estaba sentada en el sofá, trabajando en mi computadora portátil cuando, alrededor de las 4:00 de la tarde, el dolor de pecho aplastante que experimenté durante los primeros días de COVID repentinamente regresó. Mi pulso se aceleró y un manto de calor se reunió alrededor de mis hombros, subió por mi cuello y tragó mi cabeza. Empecé a sudar. Sentí como si me estuvieran exprimiendo el aire de los pulmones. Respira, me dije. Respira. Me levanté jadeando y caminé hacia la ventana para mirar afuera", recuerda.

Después de eso consultó con un especialista en infectología, pasó de examen en examen y con una angustia diaria. Incluso le dieron 6 semanas libre del trabajo para que pueda descansar y recuperarse totalmente. Ahí fue que descubrió que existía el "COVID persistente" y que muchas personas lo padecen aunque no se tiene una cifra oficial del mismo.

Para julio ya tenía una rutina lista en la que se tomaba la temperatura todas las mañanas y el oxígeno en la sangre hasta tres veces al día. Además el especialista le había dicho que posiblemente la presencia de fiebre ocasional era debido a la inflamación del cuerpo y que necesitaba tiempo para sanar.

En agosto el dolor en el pecho que sintió durante todo el proceso se mantenía, más exámenes para determinar si pasaba algo, pero todo se encontraba bien. Otra vez se atribuyó a la inflamación corporal generada por el COVID-19.

El 3 septiembre "apenas podía moverme, estaba tan cansada, pero no me lo quería perder. El cardiólogo asintió con la cabeza desde detrás de su escritorio mientras yo describía los latidos de mi corazón, la fatiga y la falta de aire ocasional. Dijo que había visto a cientos de pacientes con COVID-19 desde marzo y muchos tenían síntomas erráticos como el mío", relata.

Unas semanas después le hicieron una ecocadiograma para confirmar que la inflamación en el corazón era lo que ocasionaba el dolor en el pecho, pero no había inflamación. Eso generó más dudas que tranquilidad en Holson ya que sino sabía cuál era la causa de sus afecciones ¿cómo podría tratarlas?.

Para el 3 de noviembre ya está mucho mejor y le mandan unas vacunas contra otras enfermedades que vuelven a disparar los síntomas. Luego de 6 meses sufriendo con malestares el miedo volvió, pero el doctor lo descartó con un rotundo: "No tienes COVID-19".