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El mágico pueblo de Saraguro vigilado por el Puglla y su gente

El mágico pueblo de Saraguro vigilado por el Puglla y su gente

Tras recorrer un poco más de dos horas desde Cuenca, siguiendo la Panamericana Sur con dirección a la provincia de Loja, una mazorca (espiga de maíz) de unos cinco metros de alto invita a ingresar al  cantón Saraguro.

Su gente, en un gran porcentaje, luciendo su clásica vestimenta, pantalón corto y poncho de color negro recorre sus calles y el pequeño  y atractivo parque central.

“Este es nuestro cantón, aunque su clima ha cambiado mucho en los últimos años”, indica Walter Sigcho, mientras los niños corren por este sitio y al fondo la iglesia matriz es aprovechada para las fotos por los turistas que llegan hasta este cantón.

Sus pequeñas calles, no tienen la contaminación de las grandes ciudades. Los vehículos no aceleran, tampoco pitan, no hay agentes de tránsito para organizar la poca circulación vehicular, tampoco existen semáforos, pues sus calles no necesitan estos aparatos porque el flujo vehicular no es alto y además, el transporte interprovincial ya no ingresa a la ciudad, lo cual facilita la movilización peatonal.

A un costado  del parque está la iglesia que data de hace más de 50 años con una fachada renacentista y en su interior apliques considerados góticos. Su construcción llama la atención de los visitantes. Es el sitio de meditación de los católicos.

“Ellos tienen grandes devociones a la Virgen y al Santísimo, pero también tienen sus tradiciones, eso enriquece su cultura, son muy apegados a los símbolos, a los signos y eso hace que la liturgia sea cada vez más rica y participativa”, dice el párroco Ángel Chávez, un sacerdote que llegó hace tres meses a este cantón y de a poco se ha ido incorporando a todas las tradiciones que tienen los habitantes.

En un recorrido por el interior de la iglesia se admira los vitrales, los arreglos florales que son hechos por las comunidades, la conservación de la estructura y sobre todo, dos imágenes que son muy veneradas en Navidad. “Son dos Niños distintos. El uno viste un traje propio de Saraguro y el otro Niño es de los mestizos”, agrega. En diciembre se realiza el Pase del Niño con características especiales ya que los habitantes de Saraguro preparan las fiestas con semanas de anticipación.

Las comunidades llenas de  riqueza artesanal
Bajo la vigilancia del Cerro Puglla que es divisado desde diferente partes del cantón, las comunidades se reparten en distintos sectores. El mítico cerro, lleno de leyendas y atractivos, ha visto por miles de años cómo su gente va prosperando. “Es el cerro que nos cuida”, dice Armando Contento.

A 10 minutos del cantón, por un camino de segundo orden, se llega hasta el sector de Tuncarta, donde una capilla y varias casas forman parte de esta comunidad que durante la semana pasa casi desolada, pero según los habitantes, los sábados y domingos recobra “vida”.

Siguiendo el camino de lastre, una vía estrecha por donde aún acémilas caminan con sus dueños llevando productos y leña, está la casa de Rosa Elena González Saca, en su humilde habitación como la mayoría de las que hay en este sector, ella y su esposo confecciona los sombreros que son utilizados por los habitantes de Saraguro para ocasiones especiales. Su esposo, Polibio Velepucha, es el encargado de dar forma a esta prenda que se hace sobre la base de lana de borrego. “Cuando hay buen sol, se seca pronto y se tarda dos días”, dice ella, agregando que es un trabajo que se hace solo por pedido, “no se puede hacer y tener guardado, ya que toma tiempo y además es un poco carito”.

Más allá está Oñacapa, donde Pedro Sigcho pide que se dé apoyo a esta comunidad para fortalecer el turismo y en especial el proyecto religioso, piensan levantar una iglesia en homenaje a su patrona la Virgen de Agua Santa.

Mientras tanto, a dos kilómetros de Saraguro, encontramos a la familia Contento con su proyecto de quesos. El lugar es ampliamente visitado, pues a más de comprar el producto, se lo puede degustar y ver las 13 variedades que se elaboran. (I)