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Estudio recopila los fósiles de Quito

Estudio recopila los fósiles de Quito

Luego de tres años de trabajo continuo, una publicación sobre la fauna fósil del valle de Quito recoge los hallazgos y publicaciones científicas referidas en los últimos 100 años.

Uno de los descubrimientos destacados es uno ubicado en el Centro Histórico de la capital, más precisamente en La Ronda. En el 2008, en un nivel de suelo muy duro llamado cangahua, un obrero que trabajaba en la construcción de un parqueadero subterráneo, vio decenas de grandes huesos amontonados. Lo comunicó a sus jefes y estos a la Escuela Politécnica Nacional (EPN).

Había perezosos gigantes, machos y hembras, jóvenes y adultos; también caballos extintos en el continente hasta la llegada de los españoles.

Había además restos de escarabajos peloteros y un jaguar del Pleistoceno. Al parecer todos cayeron en una trampa natural, en un pantano, y perecieron.

José Luis Román, paleontólogo de la EPN, explica que todavía queda bastante material de ese sitio por restaurar y en el momento continúa el trabajo. Por ejemplo, el análisis del cráneo del jaguar no ha sido terminado, pues requiere material para realizar las comparaciones.

Mandíbula de un equino prehistórico.

Este hallazgo, como otros realizados a lo largo de un siglo en el área de Quito, ha sido publicado por la EPN en un fascículo para el público. El folleto científico explicativo recoge información perdida por décadas en documentos, revistas y periódicos antiguos, muchas veces leídos y conocidos en Francia o Alemania, pero ignorados en el Ecuador.

Además del Centro Histórico de Quito, hay sitios aledaños de gran riqueza paleontológica. Se destacan puntos al sur del monte Ilaló, como Alangasí y La Merced, que concentran restos del Pleistoceno y la Edad de Hielo. Ahí hubo hallazgos de mastodontes, caballos, paleollamas y perezosos gigantes.

También existen abundantes vestigios al otro lado del Ilaló, en Tumbaco.
Además, están presentes más al norte: en lo que hoy es Llano Chico, en la meseta de Calderón y en Guayllabamba.

En este último sitio se destacan restos de fauna en buen estado de conservación, como capibaras y perezosos gigantes, que siguen en análisis. Es difícil encontrar estos restos en nuestro país, porque la cordillera de Los Andes sigue formándose, y su geología presenta cambios.

En el caso de Quito, su crecimiento urbano ha hecho que la posibilidad de excavar suelo natural sea muy limitada. De hecho, casi todas las construcciones del Centro Histórico están levantadas sobre quebradas rellenadas. Los hallazgos en la capital suelen darse cuando se hacen obras civiles.

Restos fosilizados de la pata de una paleollama.

Restos fosilizados de la pata de una paleollama.

Román dice que en las paredes de la quebrada del Machángara, en el sector de El Trébol, se puede ver la estratigrafía, es decir, las capas del suelo original. Ingresar a esos sitios es casi imposible, por la inversión que se requeriría.

Hace siglos, el valle de Quito estaba cubierto de bosques y la presencia humana era mínima. Los grandes parches de flora eran enormes refugios para la fauna, sobre todo, en la Edad de Hielo.

La publicación de la EPN incluye también elaboradas ilustraciones: cada uno de los elementos está dibujado a partir del conocimiento anatómico de los fósiles recolectados. Por ejemplo, el perezoso gigante de Quito tiene una forma anatómica diferente a los perezosos que vivieron más al sur del continente y cuyos restos han sido preservados en Brasil, Argentina o Chile.

Los fósiles en nuestro país comenzaron a ser descritos en 1920, por el profesor austriaco Franz Spillmann, que llegó para impartir cátedra y organizar el gabinete de Ciencias Naturales en la Universidad Central del Ecuador.

Luego, a partir de los años 50 del siglo pasado, la Escuela Politécnica Nacional tomó las riendas de estos estudios. El trabajo se intensificó con la recuperación del Centro Histórico de Quito y del Instituto Nacional de Patrimonio.