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Las confesiones de un panteonero del Ángel María Canales

Santiago Montes, sepulturero, pintor y padre de familia dice que empezó a trabajar en el cementerio Ángel María Canales a inicios de la década del 90. Él siguió el ejemplo de su padre, quien se dedicaba a la misma actividad.

Mientras limpia sus herramientas dice que ese cementerio es el más barato de todos los que existen en la ciudad.

“Las bóvedas cuestan $  0,25 centavos. Acceder a una dependerá de las condiciones socioeconómicas del fallecido, así como, de la disponibilidad de espacios.

Santiago tiene 51 años, trabaja todos días, cuenta que ha sido testigo de situaciones singulares que marcaron su vida, como enterrar a sus padres o amigos. Pero para él lo más duro siempre será sepultar niños.

“Soy muy sentimental para eso, me da nostalgia cuando doy sepultura a los niños, pero con este trabajo he mantenido a mi familia”.

Para él, lo que hace es un arte que perfecciona con el tiempo. Por lo general gana entre veinte y cuarenta dólares al día; siempre y cuando le vaya bien. Las ganancias aumentan durante los días festivos como el de la madre y el padre o la primera semana de noviembre.

Comenta que hace veinte años el sitio parecía el lejano oeste. Había tiroteos y enfrentamientos. “Muchos miembros de pandillas eran enterrados aquí”. Sin embargo dice que hace poco, los deudos de un fallecido lo asaltaron.

“Estaba cerrando una tumba, luego me rodearon entre cinco y me robaron”.

Con respecto a sus compañeros, dice sentirse muy a gusto con ellos. “Acá la gente nos llaman los sepultureros y hasta los come muertos. Montes conoce muy bien todos los recovecos del camposanto y gracias a su buena memoria ubica fácilmente en dónde está sepultado cada quien.

Aunque muchos piensan que ese trabajo es muy lúgubre, él añade que prefiere trabajar en medio de los muertos porque ellos no le pueden hacer nada.

“Soy creyente en Dios, jamás he visto algo sobrenatural. En más de 20 años en el oficio puedo asegurar que este es un sitio de paz, se trata solamente de la última morada.(I)