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Una ecuatoriana se abre paso en París con emprendimiento nacional

Una ecuatoriana se abre paso en París con emprendimiento nacional

Ximena Estefanía Herrera Moncayo es embajadora en París. No tiene una carta credencial que la acredite como tal, pero sí el hecho de que se haya llevado su país natal, Ecuador y lo haya resumido en una boutique en el corazón de la capital francesa.

Entrar en La Boutique Équatorienne es, como ella mismo lo describe, la invitación a un viaje lleno de colores, olores y calidez.

Sí, esa calidez y hospitalidad que es característica de los ecuatorianos.

Allí, los parisinos no solo pueden disfrutar de un buen café, de música suave y aromas agradables. También conocen a Ecuador, a través de su cultura, que se enmarca, en este caso, en la vestimenta, el idioma y la historia de cada una de las prendas de vestir y accesorios que allí se exhiben para su posterior venta.

La Boutique Équatorienne cumple el próximo 1 de junio, tres años y empezó solo como un Pop-Up (una tienda que aparece durante cierto tiempo y luego desaparece).

Pero como lo dice Estefanía Herrera, una quiteña de 30 años, “no hay nada de Ecuador en París (más allá de su establecimiento)”.

La aventura de lanzarse con un emprendimiento en otro continente fue el producto de una vida involucrada con el arte, que tomó impulso cuando cursaba la secundaria en el Colegio Menor San Francisco de Quito. Este plantel educativo quedaba cerca de su casa, ubicada en Cumbayá.

Se considera una mujer muy activa. De pequeña fue atleta, practicaba salto largo y participaba en las competencias de su colegio.

En el bachillerato confiesa que se apoyó mucho en el arte. “Nos hacían descubrirnos; yo tocaba violín en la orquesta y seguía haciendo deporte”. Además -menciona- tenía clases de pintura, “siempre sacaban el lado artístico que es algo que me parece muy importante”.

Convertida en bachiller, a los 18 años, aplicó en varias universidades de Europa y finalmente se fue a estudiar en la Universidad de Navarra, en Pamplona (España).

Allí, después de tres años, sacó una licenciatura en Publicidad y Relaciones Públicas. Al cuarto año aplicó al Erasmus, un programa de intercambio dentro de la Unión Europea. “Estuve en Mainz que es una ciudad chiquita cerca de Frankfurt y ahí me sumergí en la cultura alemana”.

Una vez que terminó su Erasmus y que cosechó amigos de todas partes del mundo, regresó a Ecuador por 11 meses.

En este tiempo su primer trabajo fue en la empresa Ibec Corporation como directora del departamento de Relaciones Públicas.

Cuenta vía telefónica a EL TELÉGRAFO, que desarrolló un proyecto para eliminar la brecha digital de los niños, de los estudiantes en el Ecuador.

El objetivo era que todos los menores, tanto de escuelas públicas y privadas, pero sobre todo de las primeras, tengan acceso a la tecnología, a las computadoras.

Pero en esta joven prevalecía el sueño de la aventura europea y regresó al viejo continente.

Llegué a París y estuve trabajando tres años en Gogo Fresh Trending, una empresa de exportación de frutas y legumbres. Justamente yo exportaba bananas de Ecuador, Rusia y Alemania”.

Menciona que pese a que el trabajo no iba acorde con su licenciatura se enfocó en el comercio exterior internacional y “era interesante”.

En ese tiempo cursó dos maestrías online: una en Marketing Digital y otra en Administración de Negocios.

Una ciudad intensa

En 2015 decide terminar con su aventura parisina y cambió de rumbo por tres meses. En esos días sintió que algo le faltaba y era París.

“Fue un sentimiento bastante raro, porque esta ciudad es muy hermosa, pero intensa a la vez”.

Un poco nostálgica, comenta que es muy complejo vivir en una ciudad donde todo se mueve rápidamente, donde la cultura y su gente son diferentes. “No es como en Ecuador, que las personas son tan abiertas y cariñosas (se ríe)”.

De regreso a París empezó desde cero, tanto que ni siquiera tenía dónde vivir ni tampoco un trabajo. El internet fue su herramienta de búsqueda y allí encontró los llamados starter house que son programas donde proponen a los interesados el coliving y coworking. “Es cohabitar y cotrabajar en el mismo lugar”.

Esta propuesta -explica- consistía en vivir en un departamento en el centro de París con otros jóvenes emprendedores, cuyas edades fluctuaban entre 25 y 30 años. “Era perfecto para mí”.

Herrera detalla que cuando trabajó exportando bananas, al mismo tiempo empezó a impulsar su marca de marroquinería, de bolsos de cuero, bufandas de lana de alpaca, pero en ese entonces, solo era un hobby.
En ese proyecto -precisa- trabajaba con una amiga en lo que es diseño, producción, control de calidad y comercialización.

“Pero lo hacíamos a pequeña escala; iniciamos exponiendo en mercados de Navidad y mercadillos de diseñadores independientes”.

Su estadía en París le permitió concentrarse en el desarrollo de este emprendimiento y de su marca Pelle Paka, que nació en 2015.

Fue entonces cuando se le ocurrió la idea de que quería tener una boutique en París y, el 1 de junio de 2016, asume este reto. Como su marca no era suficiente, decidió representar a varios diseñadores ecuatorianos.

“Esto es un factor diferenciador, es algo único; las personas que están trabajando dentro de mi boutique somos todos ecuatorianos”.

Un viaje París-Ecuador

La empresaria destaca que cuando los parisinos ingresan a su boutique se asombran porque les encantan los colores. “Ponemos esencias naturales para que se imaginen viajar y que ya no están en París sino en un lugar cálido, con música, con ambiente latino pero a la vez moderno, artesanal y chic”.

Al inicio representó a 13 diseñadores ecuatorianos y, a la fecha, ya suman 30. “Nos hemos diversificado un poco más, ya que no solo es Ecuador, también tengo algunos diseñadores de Colombia y Perú. Hay artesanos increíbles con los que hago joyas con impacto social en Níger, África, donde estuve los tres meses que me fui de París”.

Herrera se siente satisfecha y orgullosa pues señala que ha inspirado a otros jóvenes de Ecuador.

Su idea ahora es apuntar hacia las ventas online para abarcar un mercado más grande y vender a gran escala.

Aunque resalta que tiene una clientela fiel y que pertenecen al distrito 9, donde está ubicada la tienda. “Casi toda la gente de mi barrio me conoce; soy la ecuatoriana, se asombran y vienen a comprar regalitos y encuentran piezas únicas”.

A Ecuador regresa una vez al año. Ansía el reencuentro con Álvaro Herrera y Ximena Moncayo, sus padres. Él es doctor y ella optometrista. Y su única hermana Valentina cursa su último año de Arquitectura en la Universidad San Francisco de Quito.

Añade que durante tres años no se separó de su boutique pues emplear a una persona representa 2.200 euros y el salario base allá es de 1.200 euros. Ahora cuenta con dos ayudantes.

“Para mí no es una rutina abrir cada día la boutique; es conocer gente que se interesa mucho por Ecuador”. (I)