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Crítica de gastronomía: La suculenta

Crítica de gastronomía: La suculenta

Ambrosías y elíxires es lo que anuncia esta cafetería ubicada en callejón Magallanes, entre Rocafuerte y Tomás Martínez. Una promesa arriesgada, pues ambrosía, según la mitología griega, era la comida de los Dioses, tan maravillosa, especial y poderosa que podía matar a cualquier mortal que la ingiriera. El barrio en el que está asentada La Suculenta me encanta, se respira Guayaquil. Cuánta pena me da, por lo que se pierden, quienes no cruzan el puente, contentos en una vida de cinco kilómetros lineales, o quienes se enclaustran en centros comerciales de un lado y otro.

El sitio es sencillo, con unas cuantas mesas en el interior y un bonito ambiente en el exterior, rodeado por balcones de edificios de un Guayaquil que a veces parece desaparecer.

La Suculenta es una cafetería de comida vegana, con una carta corta y un plato estelar que va cambiando todos los meses.

Comenzamos con uno que la carta titula Bollerismo. Con ese nombre, y estando contiguos a Muégano Teatro, todo podía suceder. Arribó un bollo, con guatita y ceviche a base de varios tipos de hongos, salsa criolla de ají y aguacate, servido con arroz y quinoa roja. Este fue el mejor plato del almuerzo. El bollo estaba tan bueno que no extrañé el pescado. La combinación de sabores del maní, la masa de plátano con la acidez de la salsa criolla y el aguacate, estaban en el punto exacto, con buen balance.

Posteriormente, una Focaccia, de vegetales asados. Berenjena, hongos, pimientos morrones y zuccini, acompañados con hummus de chochos –delicioso- y ensalada de zanahorias con lentejas negras y tomates cherry. Debo admitir que al primer bocado lo que vino a mi mente fue lo bien que quedaría en dicho plato un buen pedazo de queso holandés o gruyere, pero claro, estábamos en un restaurante vegano, por lo que guardé mis pensamientos para mí. Pienso que ganaría con una mayor porción de pimientos morrones.

El plato del mes eran chilaquiles con mole poblano: simplemente excelente. El mole en su punto, con un buen toque de picante, concentrado, pero con el balance perfecto entre lo amargo y lo dulce, así como su textura.

Tienen un buen surtido de batidos. Probé el de aguacate con leche de coco, una combinación sensacional. La textura era la ideal. La leche de almendras, con la que estaba hecho en lugar de leche de vaca, cambia el sabor del batido típico, prefiriendo yo con mucho la segunda.

La Suculenta tiene una buena carta vegana, rica, que, para quienes no tenemos ninguna restricción médica o autoimpuesta en nuestra dieta, no resulta un sacrificio su menú. (O)