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Mascarillas ayudan a mantener fuentes de empleos en textileras

Mascarillas ayudan a mantener fuentes de empleos en textileras

Bocas con movimientos sugestivos, frases que promueven las nuevas normas de distanciamiento e íconos de la cultura pop se plasman en las mascarillas de colores encendidos que se exhiben en las góndolas de Funky Fish.

Los diseños, realizados por Pablo Celi Carrión, inspirados en tendencias y colores que halló en medio de esta pandemia, forman parte de la nueva línea de bioseguridad que esta cadena decidió incorporar.

Esta producción se confecciona localmente en la empresa Manufacturas Americanas. Allí, las operarias no solo arman los 12 diseños de mascarillas, sino también tres modelos de overoles y buffs.

Viviana Báez, jefa de marca de Funky Fish, cuenta que la incursión en esta línea de bioseguridad ha ayudado a sostener las plazas de empleo. "Si la hubiéramos mantenido con camisas u otros productos no se hubiera logrado", indica.

Las mascarillas y otros accesorios apuntan a niñas, adolescentes y mujeres. Báez dice que esperan que esta línea represente entre el 25 % y 30 % de las ventas de la cadena, que posee 14 tiendas.

Convertidas en una prenda de uso obligatorio en Ecuador, las mascarillas no solo se están adaptando como un producto de moda, sino también como una nueva fuente de ingreso para las empresas del sector textil y retail.

Pinto, Bassil, Ingesa, De Patri, EtaFashion, y las tiendas departamentales de los supermercados tienen productos ligados a bioseguridad.

Ingesa, conocida por elaborar pantimedias para damas, introdujo en estos meses mascarillas para hombres y mujeres, que expenden por cajas de tres unidades en canales como los supermercados, donde ya hay estanterías para la venta de cubrebocas.

Es que si bien inicialmente la Organización Mundial de la Salud (OMS) aconsejó el uso de los tapabocas solo para el personal hospitalario y grupos vulnerables, la rápida expansión del COVID-19 hizo que su adopción sea general.

A inicios de este mes una investigación realizada por las universidades de Cambridge y Greenwich indicaba que incluso los tapabocas caseros pueden reducir el contagio si son usados por suficientes personas en sitios compartidos.

Quienes están conociendo este naciente mercado refieren que puede resultar atractivo si se consideran los periodos de recambio que debe tener el producto para que cumpla su función de proteger.

En Ecuador hay empresas textiles grandes que aconsejan usar las mascarillas de 30 hasta 50 lavadas.

Hay tapabocas que se están fabricando con nailon y licra; poliéster y jersey algodón, entre los principales insumos.

Dependiendo de los diseños, el tratamiento antifluido, el tipo de tejido, las mascarillas que no son para uso quirúrgico se comercializan en el mercado entre $1,50 y $5.

A más de los diseños propios, algunas firmas han recurrido al uso de licencias para apuntar a seguidores de series o películas.

Soledad Ponce, gerenta sénior de marketing de De Prati, asegura que han innovado al incorporar diseños de licencias como, por ejemplo, de la serie La casa de papel de Netflix.

Esta tienda departamental tiene además una veintena de opciones de mascarillas diseñadas no solo para adultos, sino para niños. Es la nueva línea de negocio que vende en sus locales y en su sitio web.

La confección de artículos ha sido un respiro para proveedores locales que abastecen o trabajan con las cadenas.

Camila Camacho, jefa de marketing de Etafashion, señala que en la producción de la línea de bioseguridad están trabajando con jóvenes diseñadores, colaboradores y proveedores ecuatorianos.

En sus estanterías han incluido, además, prendas de vestir que se ajusten a las necesidades actuales como lo son el antifluido y también textiles antibacteriales. (I)

Los clubes de fútbol tienen sus mascarillas

La pasión futbolera se la podrá disfrutar aún con la boca tapada. Barcelona y Emelec han otorgado licencias para el uso de sus marcas en mascarillas.

La empresa Bassil ha sacado líneas de cubrebocas con los escudos de los equipos del Astillero. La producción se ha comenzado a vender en pack de 4 unidades que cuestan $20.

El fabricante señala que tienen triple capa de protección contra agentes patógenos y biológicos. Son lavables y reutilizables. Liga de Quito también expende mascarillas en $4,50 cada una.

Adaptándose al mercado

La alta demanda de productos de bioseguridad como trajes y, sobre todo mascarillas, llevó a la marca Duendes a adaptarse a las necesidades del mercado. Esta firma, que cuenta con locales en centros comerciales, creó una línea de bioseguridad para niños y padres.

Denisse Varela, gerenta general de Duendes, señala que ellos comenzaron a elaborar trajes protectores para niños hasta los 14 años. Además incorporaron una línea de estos trajes para sus padres desde la talla XS hasta la XXL.

Para la elaboración usan telas con alta protección antifluidos, llanas y estampadas. Los precios van desde $17,92 hasta $39,20 .

Varela sostiene que para esta producción están trabajando con el mismo personal con el venían operando. (I)

Las capas recomendadas

Con base en una investigación, la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomendó que las mascarillas tengan tres capas.

La interior debería ser de un material absorbente como algodón, una intermedia de un material que no sea tejido como polipropileno, que es el filtro, y una exterior de un material no absorbente como poliéster.

La OMS indica que las personas pueden infectarse si usan las manos contaminadas para ajustar una mascarilla, o para quitarla y ponérsela repetidamente, sin tener que limpiarse las manos. (I)