Política

Una mesa servida 'a medias' dejaría este Gobierno al próximo tras acuerdo con el FMI

Una mesa servida 'a medias' dejaría este Gobierno al próximo tras acuerdo con el FMI
Quito -

Una vez Ecuador fue comparado con el famoso trasatlántico Titanic: era 1999, gobernaba Jamil Mahuad y la economía se hundía en una de las peores crisis de su historia. Hace pocos días, en un conversatorio en la Uisek, el nuevo ministro de Economía y Finanzas, Mauricio Pozo, hizo también un símil del país con un barco que podría hundirse.

Pero esta vez intentaba graficar que si el país tiene un problema, el problema es de todos, y que no se puede seguir pensando individualmente: “Cuando se hunde un barco, todo el mundo se ahoga, no importa si está en la suite presidencial o en los camarotes”, decía.

Estas advertencias las hacía el funcionario frente al ajuste de la economía que se viene en los siguientes años, a fin de cumplir las metas acordadas por el actual Gobierno con el Fondo Monetario Internacional (FMI).

El acuerdo básicamente consiste en que el multilateral le prestará al país $ 6.500 millones en 27 meses, a una tasa de 2,9% y a 10 años plazo. Por su parte, el Ecuador se compromete, según una Carta de Intención carente de detalles, a mantener una conducta de orden en las finanzas, tratar que la economía se estabilice (cubriendo atrasos, haciendo recorte de gastos innecesarios, blindando a los más vulnerables con bonificaciones especiales) y que así el país se reactive.

El acuerdo también incluye metas cuyo cumplimiento será revisado por el FMI de manera trimestral en 2020 y cuatrimestral en 2021. De hecho el ministro Pozo viajará este martes a Washington, Estados Unidos, para reunirse con la directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva, para tratar los temas del convenio.

Así, una de las metas más difíciles de cumplir es bajar el déficit (más gastos que ingresos) del país del 8,9% actual al 2,9% en el 2021. Esto significa reducir el hueco en unos $ 6.000 millones.

Pero en el 2022 se tendría que incrementar los ingresos al 2,5% más hasta alcanzar, al fin, un superávit (más ingresos que gastos) de $ 600 millones. La viabilidad del acuerdo deja dudas frente a una situación política y de gobernabilidad compleja.

Por eso para Jaime Carrera, secretario ejecutivo del Observatorio de la Política Fiscal (OPF), el camino del acuerdo con el FMI bien puede ser comparado con la de una familia, en la cual la cabeza ha sido, por muchos años, poco prudente, despilfarradora y hasta con problemas de juego.

Nunca ahorró y cuando menos se lo esperaba perdió su trabajo y las rentas que recibía por sus propiedades. Así pronto acumuló muchas deudas. En vez de ajustarse decidió continuar con los gastos, endeudándose, para no generar malestar a sus hijos, acostumbrados a un buen nivel de vida.

En determinado momento ya nadie quiso prestarle y debe dar la mala noticia a su familia: es hora de ajustarse los cinturones. Pero es tan grande el hueco, que necesitará apoyo, al menos por un tiempo. Sin más salida, busca la ayuda del tío rico (o sea, el FMI), que cae mal por meticuloso y ordenado, y con quien la familia mantenía una tensa relación. El primer paso es bajar tensiones, y el segundo, estar dispuesto a ordenarse.

Algo así sería la historia del país en los últimos 13 años. Durante varios años, Ecuador gastó más de lo que tenía, generando necesidades cada vez más grandes en el gasto público. Al caer el precio del crudo y los impuestos, y al no haber ahorrado en la época de "vacas gordas", no tiene cómo responder al ritmo de gastos. Cuando intenta bajarlo, surgen las protestas sociales.

Fue en la administración del exministro Richard Martínez en la cual se dio un cambio de norte: “Se retomó la idea de manejar las finanzas públicas para alcanzar una meta de equilibrio”. Se ha vuelto a la idea de que “hay que ahorrar para situaciones adversas”, dice el actual ministro Mauricio Pozo.

De acuerdo con el vicepresidente del Colegio de Economistas, Víctor Hugo Albán, ahora el acuerdo con el FMI le permite el financiamiento en buenas condiciones de tasa y plazo, pero además se lo ha conseguido con una flexibilidad importante. Tal así que no existen "condiciones", sino "sugerencias". Sin embargo, en esas sugerencias están el recorte del gasto corriente, especialmente en el personal, así como el incremento de impuestos (que ya quedaría para el próximo Gobierno).

La aprobación de las leyes contra la corrupción y la de la independencia del Banco Central del Ecuador, así como borradores de tres reformas (laboral, tributaria y de Seguridad Social) serán la herencia que le deje el actual Gobierno al siguiente, dice el ministro Pozo.

Una suerte de mesa servida a medias, comenta Jaime Carrera. “Esa mesa contaría al menos con el mantel puesto y los platos con escasa comida”.

¿Pero qué pasa si la cabeza de familia vuelve a las andadas, si el próximo Gobierno no quiere continuar con el ajuste? Ahora mismo los diversos candidatos presidenciales han cuestionado las sugerencias del FMI con respecto a la reforma tributaria. Pero si no se cumplen las metas, el organismo puede dejar de entregar los desembolsos previstos.

Carrera asegura que necesariamente se deberá hacer un incremento de impuestos y considera que si los aspirantes no lo reconocen ahora es a causa de la “irracionalidad existente” en política: “si dicen la verdad, no ganarían”.

Otro escenario posible, aunque no recomendable, sería que sin ajuste, se deba dejar de lado la dolarización. La posibilidad, según el ministro Pozo, es remota, tanto porque existe una gran aceptación de la moneda, como porque sería un camino técnicamente muy complicado.

“Si quieren cambiar moneda deben tener reservas internacionales, sino contra qué emiten la moneda. Ahora el nivel de reservas es muy bajo”, dijo. Así, la dolarización es un patrimonio de confianza en el país, que el siguiente Gobierno deberá fortalecer, opinó. (I)