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135 peritos de Criminalística palparon el golpe más fuerte del covid-19 en Guayaquil

135 peritos de Criminalística palparon el golpe más fuerte del covid-19 en Guayaquil

En el patio de Criminalística de Guayaquil están formados unos 50 policías. Todos visten una chaqueta verde fosforescente. Esa prenda los identifica como peritos. Por cerca de 15 minutos reciben indicaciones de un oficial, quien les pide estar atentos a cualquier emergencia. Para este grupo de agentes, estar alerta es una constante, en especial desde marzo pasado, mes que inició la emergencia sanitaria en el país.

Desde entonces, el trabajo de los peritos se ha duplicado y ha sido vital para esclarecer distintos hechos. Uno de los frentes en los que actuaron fue en el levantamiento de los cuerpos de las víctimas del covid-19. Así lo recuerda el mayor Diego Ascázubi, uno de los jefes que dirige esta unidad especial.

El oficial relata que fueron días difíciles, el virus se propagaba rápidamente por los barrios del Puerto Principal y no tardó en cobrar decenas de vidas. Por eso, los 135 peritos que integran esta unidad estuvieron activos en turnos de hasta 14 horas.

El miedo de quienes trabajaban en las funerarias a contagiarse generó un colapso en los procesos de levantamiento de cadáveres.

En ese momento, la experiencia que tiene los peritos fue fundamental, pues para ellos las normas de bioseguridad no son nuevas. Desde que empiezan su carrera como peritos, en las escuelas de formación de la Policía, el uso de trajes de protección, mascarillas y gafas se vuelve una rutina de todos los días.

Ellos también fueron parte de la Fuerza de Tarea que el Gobierno conformó para levantar y sepultar a las víctimas del letal virus en el Puerto Principal.

Pero su trabajo no terminó allí. La identificación de cadáveres que estaban en los hospitales fue otra de las tareas que se les encomendó.

Uno de los agentes que trabajó en estos procesos fue el cabo Wilson Piña de la sección de identidad humana. El viernes 3 de julio, él recibe a un equipo de EL COMERCIO en su oficina. Allí cuenta cómo fueron os días de mayor crisis por el coronavirus.

Él, a través de análisis de las huellas dactilares de los fallecidos, puede encontrar la identificación de cada persona.

Muestra la imagen de una huella dactilar en su computadora y explica que primero identifica pequeños puntos de la muestra.

Luego los introduce en un sistema electrónico de la Policía y este le arroja unas ocho huellas similares. Ahí empieza a cotejar todos los puntos hasta obtener la identificación.

La concentración y la buena vista son sus principales herramientas. Por eso, durante su trabajo no usa el celular ni otros dispositivos que le puedan distraer.

Sobre los casos de las víctimas del covid-19 evita hablar. “Hay una investigación judicial en marcha y no podemos interferir, ni tampoco pronunciarnos”, dice.

Precisamente, el mayor Ascázubi explica que la confidencialidad es una de las características que tienen los peritos. De hecho, cada año los expertos se someten a pruebas del polígrafo o más conocido como detector de mentiras.

Esto ocurre debido a que los agentes manejan información delicada sobre casos judiciales de delitos relacionados con asesinatos, femicidios, robos, hurtos y contra la administración pública.

Los actos de corrupción que se han destapado durante la emergencia sanitaria han sido otro de los frentes que ha acaparado el trabajo de los agentes. Los miembros de la sección de inspección ocular técnica han participado en todos los allanamientos que se han realizado a casas, empresas, hospitales y otras entidades públicas.

El capitán Óscar Cifuentes en el Laboratorio de Criminalística y Ciencias Forenses. Foto: Enrique Pesantes / EL COMERCIO

El capitán Óscar Cifuentes en el Laboratorio de Criminalística y Ciencias Forenses. Foto: Enrique Pesantes / EL COMERCIO


El capitán Óscar Cifuentes trabaja en esta sección y el viernes relató cómo acompañan a la Fiscalía en los operativos. Su trabajo es levantar proteger las evidencias encontradas. Ellos recopilan documentos, contratos, equipos electrónicos, entre otros. A través de cámaras especiales registran cada insumo incautado. De esta forma aseguran su autenticidad y emiten informes a los jueces que llevan los casos.

Todos los insumos decomisados son analizados por otras secciones de Criminalística. Por ejemplo, los documentos pasan por documentología del laboratorio. Allí los peritos con ayuda de microscopios de alta densidad y equipos con ondas de luces rastrean firmas, tipos de letra, billetes falsos, cheques, credenciales.

Ese trabajo lo realiza el capitán Federico Chambers. Él lleva más de cinco años en Criminalística y cuenta que en una ocasión logró descubrir al autor de un asesinato a través de su tipo de letra.

El culpable, luego de perpetrar el crimen, escribió una amenaza en una pared. Después de cotejar la letra del muro con la de un sospechoso se determinó que él fue el responsable.

En el área de balística también hay casos similares.

Allí cada semana se analizan unas 300 balas y casquillos que se detonaron en robos, asaltos o crímenes. Con un equipo zoom de alta potencia, el sargento Segundo Vizueta ha descubierto como un arma de fuego ha sido usada hasta en cinco homicidios. El análisis le permite conocer el tipo de armamento y su origen.

Por eso, en sus 14 años de experiencia dice que en Guayaquil los actos delictivos se perpetran, en su mayoría con revólveres de origen artesanal. Las pistolas, escopetas y automáticas.

De allí que los hechos delictivos son otro ámbito que concentra el trabajo de Criminalística. Los agentes dicen que durante la pandemia los delitos bajaron, pero con el paso del tiempo se han reactivado.

Eso ha generado que cada perito maneje al mes un promedio de 30 informes. El laboratorio de Criminalística de Guayaquil no solo concentra trabajo del Puerto Principal. A estas oficinas también llegan pericias de toda la región Costa y de Galápagos.