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Orgullosos de llegar a más clientes luego de su premiación en Raíces

Orgullosos de llegar a más clientes luego de su premiación en Raíces

‘Llegamos a 25 picanterías con nuestro pan enrollado’

En la avenida Carlos Luis Plaza Dañín, ciudadela Kennedy, centro norte de Guayaquil, hay dos panaderías Érick, una diagonal a la otra, y constituyen los puntos de venta de los panes, tortas y demás bocados que ofrece Wilson Flores Torres, propietario de los locales.

No obstante, de una única planta de producción salen los panes enrollados que demandan a diario 25 picanterías de Guayaquil. Esto, luego de la feria Raíces edición 2017, en que Érick fue premiada con la Estrella Culinaria de Bronce (tercer lugar del certamen).

“Lo de las picanterías nació con Raíces, eran nichos de mercado que no conocía. Gracias a Dios me iba muy bien, y podría decir que era conformista, pero ya en la feria me decían: ‘Érick, tienes pan para encebollado’, sí, ‘ya pues, entrégame en este punto’”, relata Flores, oriundo de Píllaro (Tungurahua).

Érick es el nombre de su hijo fallecido. “Hoy tuviera 22 años”, expresa el panificador que enumera entre sus clientes, entre otras, a las reconocidas picanterías Pez Azul y El Colorado de la Bahía.

Agrega que Raíces además aportó con asesoría.

“Nos enseñaron temas administrativos, atención al cliente, buenas prácticas de manufactura, sin costo alguno”, expone Flores.

Él también ha viajado al extranjero para especializarse. En su local principal exhibe una fotografía con el chef que fue su capacitador en Estados Unidos. “Cuando vine le transmití las enseñanzas a mis colaboradores”, asegura el artesano.

Flores sostiene que la feria gastronómica Raíces “mediáticamente les dio un gran impulso” a los participantes, oportuno, refiere, en estos tiempos de grandes exigencias.

“Las (exigencias) del público son grandes, la competencia aún más y la única forma de competir es con calidad, porque con precios... digo, alguien viene y te pone el precio más barato y te quiebra”, menciona el panificador que con la marca Érick registra una trayectoria de algo más de 20 años.

‘Hay un Pez Volador en la Atarazana, otro en Galápagos’

Angélica Cujilán, dueña de la picantería El Pez Volador, menciona orgullosa que en 1983 empezó a vender  encebollados al tomarse una vereda del centro de Guayaquil, en la zona de la piscina olímpica.

“Era yo en una mesita, con una jarrita, y cinco o diez encebollados”, reseña la mujer nativa del cantón Milagro y quien en el 2014, en la primera edición de la feria Raíces, obtuvo la Estrella Culinaria de Oro, o el primer lugar del certamen.

Luego del reconocimiento que dio impulso a su negocio, debió cambiarse de local para dar cabida a más clientes. De copar su picantería con máximo 20 comensales, ahora en otro espacio rentado,  en Luque y José Mascote,  recibe a 80.

“Los fines de semana incluso saco tres mesas a la vereda, me va muy bien”, menciona Cujilán, quien señala que familiares han abierto otros dos locales de El Pez Volador.

“Una hermana tiene un local en la Atarazana. Tenemos otro  en la isla Santa Cruz, Galápagos. A mi familia, aparte que les enseño la preparación del encebollado, les doy el nombre para que los puedan servir”, dice  Cujilán, sonriente y haciendo gala de su buena vibra. “Soy de Milagro, soy dulce, por eso reparto amor”, bromea la mujer.

Su local fue parte de una reciente ciclorruta gastronómica que propuso el municipio. Ella no estará en Raíces 2019.

Cujilán comenta que la base del encebollado la obtuvo  del local del fallecido Vicente Santos. “Lo reemplacé y eché ojito, y me traje la base, de ahí yo fui agregando un montecito por aquí, otro por acá...”, dice.

Rubén Fuentes, guayaquileño que vive en Estados Unidos y que de niño consumía el encebollado de Angélica Cujilán,  no desaprovecha su estancia en la ciudad y llega, el miércoles 10, al local de Luque y José Mascote. “Mi niño Rubén”, es el saludo de la mujer hacia él.

“Qué gusto que le haya dado un premio”, felicita. (I)