Vida

¿Te atreverías a ir en un avión con una piloto sin brazos?

¿Te atreverías a ir en un avión con una piloto sin brazos?

Haber nacido sin brazos no la limitó nunca. Es capaz de conducir su propio auto, que no cuenta con ningún tipo de modificaciones especiales. También ha tomado lecciones de baile y escribe 25 palabras por minuto en el teclado. Además es cinturón negro de tercer grado en taekwondo, practica natación, bucea, se maquilla sola... y es piloto de aviones ultraligeros.

Para Jessica Cox la palabra ‘discapacitada’ era como insulto. Nunca formó parte de esa lista. Al contrario, desde que dejó de usar prótesis, a los 14 años, siempre pensó que el haber nacido sin brazos para ella es más una “ventaja” que una “desventaja”.

Oriunda de Arizona y ya pasada de los 30 años, sigue siendo un misterio por qué Cox no desarrolló las extremidades superiores en el útero de su madre.

Con el apoyo de sus padres, Cox tuvo una infancia normal: asistió a una escuela pública y fue extremadamente activa en actividades extracurriculares. “Desde lecciones de baile hasta clases de taekwondo, clases de natación y modelos para Girl Scouts, todos los días después de la escuela tenía alguna actividad que hacer”, dice Cox.

“Quería mucho ser normal y me decían con demasiada frecuencia que no podía hacer algo o que estaba discapacitada ... Me molestaba la palabra “discapacidad”. Y aunque le enseñaron a usar dos brazos protésicos, a Cox no le gustó la sensación antinatural, le contó a la cadena BBC.

Cómo la ven y cómo se ve ella

“Algunas personas se sorprenden al verme, otras solo quieren mirar. Hay incluso algunas que sienten rechazo, porque no están acostumbradas a ver los pies haciendo las funciones de las manos”, relató la joven piloto.

Y algo de lo que más le incomodó, en su momento, es que “algunos creen que los pies son algo sucio porque tocan el piso o están dentro de tus zapatos, hay toda una gama de reacciones”.

Y aunque siempre demostró que la falta de sus brazos no era un limitante para ella, algo más cambió en el 2005. Siguiendo los consejos de su padre, la joven decidió aceptar la invitación que le hicieron para volar, a pesar de su miedo a los aviones.

Desde esa primera vez que voló en un avión pequeño, asegura que se “enganchó”, por lo que, de vuelta a tierra, ya sabía que lo próximo que haría era aprender a pilotar.

Después de tres años de entrenamiento y varios instructores, Cox obtuvo su licencia de piloto, el 10 de octubre del 2008, por lo que está calificada para pilotar aviones deportivos ligeros que alcanzan una altitud de hasta 10.000 pies.

Con una licenciatura en Psicología por la Universidad de Arizona, Cox se dedica a recorrer EE.UU. y el mundo, compartiendo su historia de superación personal.

Sus charlas le han permitido visitar 23 naciones diferentes.