Cultura

Cualquier elección es una ilusión en 'Matrix 4'

Cualquier elección es una ilusión en 'Matrix 4'

La dupla creativa de las directoras Lana y Lilly Wachowski se divide en un proyecto que las deja a cada lado de la frontera que divide la realidad de su universo cinematográfico.

Lana Wachowski asume el reto de regresar al desierto de lo real sin su hermana Lilly para dirigir ‘Matrix: Resurrections’. La cinta que trae de vuelta a Keanu Reeves y Carrie-Ann Moss en los papeles de Neo y Trinity llega a los cines como una historia de acción y ciencia ficción, que además replantea el origen de su narrativa original.

La cuarta entrega de Matrix tuvo su preestreno mundial el 12-22-21, un palíndromo numérico, una estrategia de marketing o quizá una sutil advertencia informática para alimentar nuevas teorías y elevar la curiosidad y expectativa.

Para quienes decidan acercarse por primera vez a este universo cinematográfico, la cinta viene bien como un remake que hace un recuento de los temas centrales. Al mismo tiempo, para quienes estén familiarizados con la icónica saga será una secuela que altera los paradigmas de este universo cinematográfico.

Como si la revelación y ascensión del único Mesías y la gran batalla entre humanos y máquinas hubiera sido solo un producto de la imaginación, Neo despierta en un mundo diferente.

Ahora, vive una vida casi normal y corriente en San Francisco como Thomas Anderson, un programador de videojuegos que aparentemente sufre un trastorno disociativo que lo lleva a confundir la ficción con la realidad.

Mientras su terapeuta le prescribe pastillas azules, Anderson intenta mantener el control y la cordura en un mundo de incertidumbres, hasta que se cruza con una mujer que le resulta familiar y luego se encuentra con Morfeo, quien le ofrece una pastilla roja que vuelve a abrir su mente al mundo de Matrix.

Lana Wachowski escribió el guion como una historia reconfortante, en medio del dolor por el duelo de sus padres recién fallecidos y que luego fue pulida en conjunto con David Mitchell y Aleksander Hemon. 

‘Matrix: Resurrections’ utiliza los años que han transcurrido entre la trilogía y la actualidad como motor para recrear un multiverso propio.  

Visualmente, esta nueva cinta establece un vínculo con las películas anteriores a través de personajes, escenarios y efectos visuales impregnados en la cultura popular y que de cierta manera se reciclan y repiten bajo una nueva óptica.

Las escenas de acción son frescas con una combinación de diferentes estilos de combate y no falta el guiño al icónico movimiento ultralento conocido como ‘Bullet Time’. El realismo del entorno creado por computadora y el atractivo registro de los escenarios reales empujan la película un paso hacia adelante en su propia estética. Es posible que después de ver el filme surja la necesidad de palpar un espejo para constatar la realidad como un fenómeno material y consciente.

A diferencia de sus predecesoras, ‘Matrix Resurrections’ sacrifica parte del espectáculo visual en favor de un relato más emocional. El filme se centra en la historia de amor entre Neo y Trinity, interpretados con mucha solvencia por Reeves y Moss.

En esta nueva aventura, los protagonistas están acompañados por personajes nuevos como ‘El analista’ (Neil Patrick Harris) o Bugs (Jessica Henwick) y otros conocidos como Niobe (Jada Pinkett Smith), Sati (Priyanka Chopra Jonas), el Merovingio (Lambert Wilson) y una nueva versión de Morfeo interpretada por Yahya Abdul-Mateen II.

Mientras el deseo y el miedo definen la realidad de los protagonistas y su destino parece estar más allá de cualquier decisión voluntaria, el filme vuelve sobre temas como el libre albedrío, la búsqueda de la verdad, la ilusión del control y la naturaleza de lo real, que penetran agudamente en los circuitos inconscientes del espectador.

En dos horas y media de metraje también hay tiempo para las autorreferencias que exponen la naturaleza ficticia de la obra con cierto humor.

Como espectáculo de acción en la ‘Matrix’ de Hollywood puede tener sus buenos y malos momentos, pero no deja de seducir con sus cuestionamientos pertinentes y atemporales. El espectador puede elegir entre odiar o amar esta película, teniendo en cuenta que cualquiera que sea la decisión no dejará de percibirse como una ilusión.