Nacional

Los asambleístas 'pican' durante las sesiones

Los asambleístas 'pican' durante las sesiones

El pleno de la Asamblea Nacional luce, a ratos, como un gran salón de clases en plena hora de recreo. Los parlamentarios están divididos por bancadas y algunos asisten a las sesiones, vía on line, desde la comodidad de su hogar.

Allí coexisten los ‘norios',  esos que toman apuntes, subrayan libros y hasta llevan mochila; los populares, que conversan en el fondo del aula y se ríen en voz alta; los tecnológicos, que no se despegan del celular. Y no faltan los golosos, que no se separan de la taza de café y del puñado de maníes.

En la última fila está el curul de Mario Ruiz, asambleísta por Pachakutik. Él es de los juiciosos, esos que llevan el bolso llenó de leyes, decretos, reformas y recortes de prensa. Con un marcatextos anaranjado selecciona lo más importante a medida que va leyendo, pues asegura que trata de siempre estar informado y no “ir solo a calentar el puesto”.

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Mario Ruiz es el ‘norio’ del salón. Lleva libros, resaltadores y leyes en su mochila.HENRY LAPO

En la mochila también lleva una botella con agua y una bolsa de frutos secos para calmar el hambre durante las extensas sesiones. Sin embargo, cuando hay más tiempo para comer, al parlamentario le encanta ‘pegarse’ unas ‘papas chancrosas’, que le recuerdan los años de estudiante en una universidad del centro-norte de Quito.

Ahora, con la pandemia, el alcohol y los cubrebocas desechables tampoco pueden faltar. Para él, la seguridad es tan importante como el ir bien leído al Palacio Legislativo. “Tenemos que descontar cada dólar que ganamos con trabajo”, precisa.

Los bocaditos

Dentro del pleno hay normas. Está prohibido comer y beber alcohol. Sin embargo, picar algo pequeño como un chocolate, un chicle y unos manicitos sí se puede.

En la cartera de la asambleísta Rosa Belén Mayorga no pueden faltar las golosinas. Los chocolates son sus favoritos, sobre todo los rellenos de almendra y de frutas. A veces, es su hijo, de 12 años, quien la sorprende con el detallito.

En el último pleno, un bombón de menta le salvó del hambre. “Son bocaditos que uno puede tener, porque ahora no se puede sacar la mascarilla mucho tiempo”, describe.

La mayoría de parlamentarios cumple con las reglas del ‘aula’, pero hay otros que comen a escondidas. Mayorga cuenta que en una ocasión escuchó decir a otros asambleístas que un compañero sacaba una tarrinita y almorzaba en media sesión. Sin embargo, ella comenta que le “falla la vista”, así que nunca supo de quién hablaban.

Aunque la legisladora por el partido Alianza UNES tuvo la opción de sesionar desde casa, siente que en la Asamblea está mucho más concentrada y puede estar al tanto de las propuestas de ley y los debates que se realizan. “Acá uno está más atenta, más comprometida”, añade.

Recargan energías

Sin gaseosa no hay sesión

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A Jorge Abedrabbo le encantan las gaseosas. Para él, la sesión no continúa sin su ‘colita’.HENRY LAPO

Para el asambleísta por la Alianza SUMA - Partido Social Cristiano, Jorge ‘El Coco’ Abedrabbo, una ‘colita’ no puede faltar en las largas sesiones del pleno. Las galletas también son parte de su menú a la hora de elegir el refrigerio legislativo. “No soy salado, pero me gustan más las de sal que las de dulce”, bromea.

Cuando hay más tiempo, opta por un sánduche de queso con jamón, un mote con chicharrón o unas papas con cuero. Las que preparan en el parque La Alameda, a pocos metros del Palacio Legislativo, son sus favoritas.

A la hora de comer, él es todo terreno: come en tarrina, en plato de lata, con cuchara y hasta ceviche de balde.

Abedrabbo detalla que, por lo general, en la Asamblea existe mucha camaradería, sobre todo a la hora del ‘lunch’. Por ejemplo, durante el juicio político del excontralor Pablo Celi, que duró hasta poco más de la medianoche, en ‘chiqui’ los legisladores se juntaron para pedir pizza.

El ingrediente que más le gusta al parlamentario es el pepperoni, pero ese día y, con el hambre que tenía, ni se fijó de qué era.

En su natal Bolívar, la pizza con embutidos de llama es todo un ‘boom’ culinario que él no deja de recomendar a sus colegas.

“Entre todos sí hay la posibilidad de compartir lo que traen para picar. La mayoría son chéveres, aunque a algunos no les acepto ni un maní”, dice.