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La escasez de guías profundiza la crisis dentro de prisiones en Ecuador

La escasez de guías profundiza la crisis dentro de prisiones en Ecuador

La alerta se difundió un poco después de las 10:00. A esa hora, cinco guías penitenciarios eran retenidos por los presos de la cárcel regional de Cotopaxi.

Minutos después, patrulleros con balizas encendidas llegaron unos tras otros. Los militares también arribaron. A las 13:30, la Policía confirmó que todo estaba controlado y que los celadores estaban libres.

“Nos sentimos frágiles”, dijeron agentes penitenciarios de otras cárceles, que preguntaban qué pasaba con sus compañeros. Aseguran que después de la matanza de 79 reos se sienten más vulnerables.

El Código Penal (art. 685) dice que la seguridad interna de las penitenciarías es competencia exclusiva de los guías.

Pero no hay suficiente personal. No es un cuerpo profesionalizado. Quienes trabajan actualmente aseguran que carecen de los equipos necesarios.

Esos datos fueron confirmados ayer, mientras el ministro Patricio Pazmiño, el comandante policial Patricio Carrillo y el director de Rehabilitación, Edmundo Moncayo, comparecían en la Asamblea.

Datos oficiales señalan que en el país operan 1 460 celadores y se requieren 3 800 más.

Registros que reposan en Rehabilitación dicen que en Cotopaxi hay uno para 90 presos. En la Penitenciaría es uno para 240 y en la Regional de Guayaquil la relación es uno para 77. En Turi existe uno para 92.

Desde el 2017 no se incorpora nuevo personal. En octubre del 2020 se dio de baja un proceso de selección, cuando los 500 aspirantes se disponían a asistir al curso de formación, último requisito para trabajar.

Ahora, las autoridades indican que un grupo de 200 se incorporará el próximo 15 de abril y que hace dos semanas se abrió otra convocatoria para incluir a 300 más.

La Organización de Estados Americanos (OEA) y la Organización de Naciones Unidas (ONU) recomiendan contar con un guía por cada 10 internos. Pero no se cumple. La Defensoría del Pueblo también tiene un informe, donde se establece que el sistema carcelario tiene 17 problemas, entre ellos la falta de celadores.

El Ministro de Gobierno advierte que es “urgente profesionalizar un cuerpo de seguridad penitenciario”.

“Necesitamos más equipamiento”, indica el personal.

Un guía que trabaja en la cárcel cuencana de Turi, en donde la semana pasada mataron a 34 reos, recuerda que no pudieron reaccionar cuando a las 07:00, un grupo de internos usó una amoladora para vulnerar las seguridades y entró al pabellón de máxima seguridad. “Uno a uno sacaron a los presos y los llevaron a un pasillo donde les dispararon, acuchillaron y degollaron”.

Dice que vio cómo un aprehendido lanzó una granada dentro una celda de máxima seguridad, en el tercer piso. “Todo fue un caos completo”.

Él y otros compañeros aseguran no tener toletes, gas ni chalecos, y que esto persiste a pesar de las declaratorias de estado de excepción.

Edmundo Moncayo sostiene que el personal sí está dotado de lo necesario para hacer frente a las manifestaciones. Asegura que lo dicho por los guías no es así y que sí se ha cumplido con ellos.

Otro celador, quien custodia el pabellón de máxima seguridad en Turi, relata que cuando ocurrió todo no tenían gas pimienta, pistolas eléctricas ni equipos antimotines. En cambio, los presos actuaron con machetes, armas de fuego y cuchillos elaborados por ellos.

Cuenta que un prisionero fue acuchillado luego de que intentara escapar por una ventana al patio del centro.

Recuerda que tuvieron que refugiarse en un lugar seguro, porque no podían hacer más.

Una situación similar ocurre con los equipos que trabajan en Cotopaxi. Ellos dicen que necesitan nuevos chalecos antibalas, pues los que tienen ahora fueron entregados en el año 2016.

El personal advierte que hace un mes se envió un oficio al director de la cárcel, para la dotación de equipos, pero que no existe aún una respuesta.