Vida

Tu esposo... ¡no es tu hijo!

Tu esposo... ¡no es tu hijo!

Llegas agotada del ‘camello’ y te esperan las ollas, pues tienes que preparar la merienda para la ‘family’. Mientras cocina, oyes los gritos de algarabía de tu esposo e hijos... están en ronda de videojuegos.

No se puede satanizar al padre por esta actividad, pero si es la constante se pueden presentar algunos ‘pitos’.

Uno de los pilares de una relación sana es el apoyo mutuo, señala la psicóloga clínica Kathalina Urquizo. “Cuando solamente uno de los dos aporta (financieramente, o ayudando en las tareas de la casa, o siendo soporte emocional, etcétera.), esto va a causar fatiga y frustración y generará con facilidad una dinámica tóxica, y el que siente en soledad el esfuerzo manifestará una serie de emociones que le harán perder el valor de la pareja”, indica la experta.

¿Puede llegar a una separación o divorcio? Es probable, pero este no es el problema principal, sostiene Urquizo. Previamente puede haber violencia en la relación, infidelidades, desvalorización de la pareja o personal, depresión, agresividad hacia los hijos, falta de límites, problemas conductuales y ansiedad.

¿De enamorados o casados?

Puede que no se haya presentado o no se haya notado mucho por la falta de convivencia, expresa Álvaro Benites, psicólogo clínico. Sin embargo, “el compartir día a día con otra persona revela todas las facetas de la misma, y si tiene rasgos de personalidad dependiente, eso se va a notar en la cotidianidad”, puntualiza el especialista en salud mental.

Mamita y su 'harto power'

Son varias las razones que pueden hacer que el padre no se ubique en el rol que le corresponde dentro de la familia y tenga más bien una imagen ‘infantil’. Una de ellas puede ser que su propia progenitora se instaló en el núcleo como una figura de mucho poder.

En esos casos, la madre “no basó su educación en lograr que sus hijos sepan lidiar con el día a día y construyó más una dependencia y sobreprotección. Esto crea una imagen personal pobre, inseguridad frente a la relación con otros, inmadurez ante las responsabilidades”, manifiesta Urquizo.

EXTRATIPS

  • Hagan ensayos de convivencia. Si son adultos y todavía no deciden compartir sus vidas, convivan. Pueden ser unos pocos días, en un ambiente que ambos conozcan y que sea rutinario, como la casa de cada uno. En viajes no, pues van predispuestos a mostrar una faceta divertida y tolerante. Pueden extender progresivamente los lapsos de convivencia hasta decidir si pueden compartir un espacio y tolerarse.
  • Hablar del tema con el otro. El diálogo es el camino para la solución de conflictos. Es esencial que desde el inicio se planteen reglas y límites claros.
  • Observa si estás fomentando dinámicas negativas. A veces la actitud de la mujer motiva la posición infantil de la pareja: resuelve todo por él, no le permite adoptar un papel de respeto en la familia, lo minimiza creyendo que hay ciertas actividades que no puede cumplir. Si es el caso, reconoce que estás poniendo de tu parte para motivar respuestas inmaduras de él.
  • Cambia tus palabras al tratarlo. En ocasiones, con términos como ‘mijo’ se ubica como vástago a quien debería ocupar otro rol en la familia.
  • Que los hijos entiendan que él es padre, no ‘pana’. Frente a los vástagos es importante posicionar la figura paterna y hacer que la respeten. Como progenitor, pregúntate qué tipo de modelo quieres ser para tu descendencia.
  • Escribir ayuda ‘full’. Que el padre haga una lista de acciones que debería realizar como padre y también apunte las que no son propias de este rol.
  • La ayuda profesional beneficia. Si creen que no pueden solos, acudan a terapias.
“Este es un mal bastante común dentro del proceso de educación que se maneja dentro de las familias en la actualidad. se desarrolla según la dinámica familiar”.Kathalina Urquizo, psicóloga clínica
feliz pareja
El apoyo mutuo, la confianza, el respeto y el amor son los pilares de una relación sana.Pixabay
“La educación tradicional nos ha enseñado a ver el mínimo error e ignorar el 99 % del esfuerzo restante, para motivar los cambios, reconozca los aciertos”.Álvaro Benites, psicólogo clínico